Yo tuve un águila
Yo tuve un águila
un día yo tuve un águila
qué barbaro,
qué águila tuve yo.
Yo tuve un águila
que a su vez me tuvo,
qué bruto,
cómo me tuvo mi águila,
con cuánto orgullo,
qué pájaro aquél.
Nosotros nos tuvimos mutuamente
hasta que ellos nos detuvieron.
Nos mandaron a un insistente ra,
a la chiquitibum,
a 31 estados de humor negro,
a 31 insomnios.
Ahora yo tengo un periquito
australiano,
chiquito,
una nada de pájaro.
Caso no me hace,
no se le nota orgullo de su dueño.
A ratos le siento cierta inquina.
Con todo, lo tapo por las noches:
no puedo dormir con la preocupación
al pensar que lo pierdo,
al pensar que hasta ese miserable
animal
pierdo yo.
Rafael Torres Sánchez












