
Estoy medio desnuda, con un vestido de mezclilla que se cierra por delante. Aunque, en realidad, no tiene ni cierre ni botones. Entonces no se puede cerrar. Si no lo agarro con las manos se abre, dejando al descubierto mis piernas con todo y pubis, mis senos y mi vientre. Encuentro mi cuerpo muy blanco, me gusta. Abro el vestido y con la mirada lo recorro, lo acaricio.
Este sitio es un centro cutural muy grande y ruinoso, digamos un convento con cines, salas de concierto, capillas, salones de clase, jardines antiguos. La gente entra y sale de los recintos, pero no parecen visitantes, se comportan como si se tratara de su propio pueblo.
Mi vestido es muy corto. Además, estoy descalza.
No tengo frío, mis senos más bien arden.
Entro al cine. Atrás de las cortinas descubro a un hombre desnudo. No es atractivo, pero imagino sus dedos en la oscuridad. Me acerco y suelto la tela del vestido. Espero sentir que su cuerpo me toca. Nada. Me vuelvo y ya no está.
La película es de Pink Floyd. Hacen rock, desde luego, pero afuera de la pantalla, y los reflectores proyectan la imagen real al fondo del cine, convirtiéndola en película. Se ven Pinkes simultáneos. Están terminando en un clímax lechoso. La liquidez en forma me salpica los brazos.
Salgo del cine y camino hacia una explanada con torres de metal: están filmando una película sin argumento.
Me recargo en la torre más próxima. Un muchacho se me acerca. Quiere ver mis senos. Sin decirle nada, dejo que el vestido se abra. El mira desde mi hombro. Después me lanza una sola frase: “pezones niños”, y se va.
Abandono el lugar. Bajo por una pendiente de piedras redondas. Al hacerlo recuerdo este sueño circular. Había cántaros de cristal, de distintos colores. Tomaba uno con intenciones de robarlo, embelesada por la luz acuática de su vientre; y al salir, volvía a entrar y de nuevo descubría, con la misma sorpresa, decenas de botellones redondos. Y así, muchas veces.
Aprieto nuevamente la mezclilla y siento la protesta de mi piel. Los pezones niños se endurecen. Los imagino pequeños, apenas acanelados.
Pasa mucha gente pero no me miran. Entonces se apoderan de mí unas ganas enormes de quitarme el vestido, mostrarme desnuda y comprobar que a nadie lo perturba. Se me ocurre que podría recostarme en una de esas piedras lisas, ya sin ropa, y que el sol iluminará mi pubis al aire. Pero no lo hago.
En este momento veo a varios conocidos. Contemplan una minúscula tumba encerrada en una jardinera de un metro cuadrado, cuando mucho. Ahí está Constantino, pelo blanco y playera. Le hablo. Sonríe. Quiero pedirle-ofrecerle una caricia. Se va. Yo que pensé que sobre esa tumbita podría hacerse el amor.
Camino por una vereda solitaria. Huele a pan. El jardín está protegido con alambre de púas. Al llegar cerca de los muros finales, encuentro a R. – por llamarle de algun modo – aquel amigo que escribió un cuento sobre Jim Morrison. Se rasuró toda la cabeza y apenas está sombreando. En verdad me parece feo, pero me atrae su soledad alcoholizada. Platicamos sentados en el suelo, la sombra de un torreón nos abraza. Ahora no ha tomado, pero su mirada conserva un agudo rayo que quiere decir “ me vale madre”.
Entonces me gusta mucho. Pongo mis brazos sobre las rodillas. El vestido se abre completamente. El no mira. Se levanta y de la mano buscamos otro lugar mejor. El sol queda detrás de nosotros y las siluetas que nos guían crecen.
Los salones están como esperando a alguien. Seguimos abriendo puertas. Al fin entramos en una capilla alfombrada ( de rojo, se entiende ) y detrás de las bancas lustrosas nos acostamos.
R. se quita el traje de baño; yo giro sobre mi cuerpo y el vestido queda adherido al suelo. Vuelvo a girar y mi cabeza cae en su pecho. Una mano grandísima- ahora me doy cuenta- le da forma a mi cintura. Acerca sus labios y humedece mi cuello. Miro hacia las bóvedas iluminadas por tragaluces blancos. Habitan ángeles en las alturas. Ahora yo separo sus rodillas y un nido esplendoroso se extiende. Lo observo; busco el lugar donde nace la erección y ahí dejo mi beso. Deslizo mi cuerpo hasta tocar con los míos sus pezones. Los cuatro bordes juguetean. Sienten.
Una campana suena. Una vez. Mi boca apenas roza los labios grandes. Suena otra vez. Mi lengua palpa la boca que aún no se abre. Suena otra vez y de ahi muchas veces.
Encuentro los párpados cerrados; mis yemas acarician esa delgadísima piel, mientras el silencio que dejan las campanadas se va haciendo grande. Sus manos, en lento aterrizaje, reconocen la extensión de mis caderas. Queman. Estás frío, le digo, y nuestros labios se entregan a la humedad profunda. El beso se vuelve violento. Mi cuerpo rodea con el impulso de unas piernas fuertes y velludas y queda bajo los músculos tensos de R.
Mis pies caminan por su cuerpo, mis manos modelan su cara, sus besos liman la superficie de cada seno. Veo los ángeles cada vez más lejanos; el resplandor de la bóveda baja. Su cabeza también.
Busco la sangre erecta y la aprisiono con los pies. Mis labios con sed llegan al manantial que crece. El sabor transparente se mezcla con el sonido de una campana. Una vez. Siento dedos, muchos dedos en la piel mojada. Otra vez. Un olor que ya no es ajeno ni a él ni a mí aparece en cada beso, en cada roce, en cada campanada que es nuevamente muchas veces.
Silencio.
Se abre la pesada puerta de madera. Él ha penetrado en mí. Silencio. Unos pasos se escuchan al final del pasillo. Nuestra respiración se suspende: nos miramos, nos estamos quietos. Por debajo de las bancas alcanzo a distinguir un incensario oscilante. Zapatos negros. Vamos incorporando lentamente nuestros cuerpos. El acólito se acerca. R. Se viste de gato y salta por las bancas. A mí no se me ocurre ningún disfraz. Me quedo a oir la misa.




















Algo fuera de lo común…una historia en la que uno se queda atónito,
no diré romántico mas bien un poco dramático.
Los lugares, las situaciones, el vestido, personajes en fin el fin es
………adrenalina.
comentario por alexia — 27 Octubre 2009 @ .
Estoy de acuerdo contigo. Es una excelente historia. Gracias por tu comentario
comentario por Ea Pozoblock — 27 Octubre 2009 @ .