El canto de las sirenas
Marco Antonio Campos. Cuando llegué a la isla creí que las sirenas me esperaban desde siempre. Yo, que huía de mí, de una mujer, de los días de fracaso que caían en mi sangre como la luna en el mar, buscaba perderme en la espesura de su canto. ¿La causa? -preguntarán-. Fue desde aquella mañana de invierno cuando supe que el amor era un engaño de la sangre; cuando supe que la ternura o la piedad eran dos fieras inútiles en las selvas del hombre. Por eso quise perderme; por eso quise escuchar su canto, que aun siendo el más dulce, el más hondo, será para mí, de todos modos, un pretexto más para la tristeza. Yo quiero oírlo, ya…
Estoy cruelmente satisfecho. Me doy cuenta que incluso en la destrucción se puede hallar la felicidad. Sonrío al recordar el pasado, aunque en esa sonrisa -no hay remedio- haya el signo de la derrota. Pero qué importa, ¡bah!, me muero de tristeza y rencor.
Miro el atardecer: los dientes blanquísimos de las olas, las nubes que empiezan a calcinar con sus dedos las ramas del horizonte. ¿Las voces? ¿Las voces? ¡No se oyen ya las voces! Grito desesperadamente. El barco pasa.
Lloroso, impotente, lo evidencio: las sirenas no cantaron para mí…













llo creo k las sirenas exxisten pork cuando un dia llo fui a la playamire al orisonte del mar bi a una mujer mitad normal y mitad pez con cabello largo y era blanca con cabellos doradosy dije EXISTEN LAS SIRENAS ESTABE EN UNA ROCA SENTADA y le dije a mi prima k estaba con migo le dije de esa sirena y se quedo con la boca abierta y cuando vi a esa mujer sentada en esa roca con mitad normal y mitad pez dije existen las sirenas.
Comentario por noelia — @