x
El verdadero Nombre no es el que dora los pórticos,
ilustra los actos; ni aquel que el pueblo pronuncia con despecho.
x
El verdadero Nombre no se lee en el Palacio, ni
en los jardines ni en las grutas; permanece oculto por
las aguas bajo la cúpula del acueducto de donde yo
bebo.
x
Sólo en las más grande sequía, cuando el invierno
crepita sin flujos, cuando las fuentes, hasta el
extremo agotadas, se petrifican en los hielos.
x
Cuando el vacío está en el corazón del subsuelo y en el
subsuelo del corazón, – donde la sangre misma
no circula – bajo la cúpula ahora abierta es posible
encontrar el Nombre.
x
¡Pero se funden las aguas petrificadas, desborda la vida,
llega el torrente devastador y no el Conocimiento!
x




















