
Al poeta lo abandonó su musa y se petrificó, se convirtió en estatua, quedó ciego a los ojos que le reflejaban el reino de la libertad y renunció a seguir su marcha progresiva hacia la infinitud.
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Ojos de agua
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Perdí mis ojos cuando te fuiste;
vaya soledad no poder mirar,
como un animal que ha quedado triste,
sin sus ojos lo van a devorar.
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No distinguen sol, no distinguen sombra.
Les da lo mismo el río que el mar.
Ya no sueñan nada, ni se imaginan,
sólo son vitrinas opacas.
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Que vida tan corta para muerte tan larga:
un destino que se me escapó.
Ahora lo comprendo, los cinco sentidos
mueren cuando se muere el amor.
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Ojos de agua que no se volverán a prender.
Si no te miran, no volverán a ver.
Ojos fríos de mar, donde no hay amanecer,
te esperan… ya ven.
Si no te miran… no volverán a ver.
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Te están gritando socorro
y tú no quieres ayudarlos,
estos ojos sepultados,
por perder lo que han amado.
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Y sólo se esconden.
Con otras caricias, se guardan la mano,
se levantan dormidos
y se acuestan muy temprano.
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Nada los distingue de un par de aceitunas
con mucho vinagre y mucha amargura.
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Cayeron del árbol a un pozo cerrado,
las algas y rocas los han atrapado.
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Así se pasan las horas oscuras
sin verte la cara, la piel, la cintura.
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En un agujero: callada tortura,
ven a sacudirle la tierra a mi tumba.
JCPozo