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Piet Mondrian

Piet Mondrian

El viaje continuó por una espesa selva entre los médanos. Sólo escuchábamos el murmullo de los pantanos y el chapoteo de nuestros caballos. Al anochecer atamos las bestias a un sauce gigantesco y nos cobijamos, Eleazar y yo, bajo un cielo de ramas lánguidas. Allí me refirió la historia del lugar dominado por las ideas. Despertamos envueltos en una niebla violácea que velaba el día y avanzamos hacia el sur. No recuerdo cuántas leguas recorrimos hasta que dos montañas elevadísimas se interpusieron en la ruta. En medio de ellas apenas distinguí una brumosa ciudad alzada en los faldeos. Era gótica, púrpura y muy espigada. Es la ciudad de los pensamientos, dijo Eleazar. Mientes, repuse, y la ciudad desapareció.

Daniel Pizarro

This entry was written by Ea Pozoblock and published on 26, 2009 at .. It’s filed under El olvidado asombro and tagged . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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