
Un pedacito de selva exuberante.
No había visto en el bosque algo igual.
La selva tiene la forma de un rostro amable,
engalanado con un sombrerito de Panamá
Los ojos son dos charcos de agua clara
y a sus pupilas de lirio se vienen a posar,
dos alondras que bajan desde las alturas
para el cielo tomar.
Un lamparón de mariposas rojas
le pinta las mejillas
a ese rostro singular.
Y a su cabello de palmera
y hojas de plátano subía
para verlo desde allá.
Un Paraíso desbordante.
Una belleza sin igual.
Una ventura electrizante
que cura las penas
y nos llena de paz.
Un paraíso de verdad.
¡Llévenme ahí!
Un paraíso de verdad.
¡Vámonos ya!
Un paraíso de verdad.
Mientras me decidia en tomarme unas chelas y romantizar un rato, empeze por abrir canciones de la costra nuestra.
Un abrazo maestro desde tu tierra.
Gracias Rocio por elegir esa puerta en el momento que estas llenando (que falta hacia, no?) tus tarros, como el cuerpo y alma, de la savia de tu Matria nacional.
Que envidia, canija!