Me sabe a)mar

La espada de Damocles, Gabriel de Lautrec

Gjon Mili

La orgía iba en aumento.
Damocies, introducido por los ujieres, avanzó con modestia, saludó al rey y se sentó en el lugar que le indicaron.
Antes de tomar asiento depositó en el suelo, a un lado, un paquete envuelto con viejos periódicos, sobre los que los policías disfrazados de mujeres bonitas miraron furtivamente.

Empezó el banquete.
Sirvieron a Damocies sesos de mosca y ríñones de ardilla, alas de fenicóptero, pasteles de hormiga, tarta de causario.
Le dieron de beber champagne centenario, cécubo en odres de piel de camello nonato, vinagre con perlas disueltas y polvo de diamante.
Los senos desnudos de las cortesanas se extendían sobre la mesa llena de flores.
En el momento en que Damocies llenaba sus ojos del vértigo de aquel espectáculo, el tirano Dionisio golpeó su hombro con delicadeza y le señaló el techo con el dedo índice.Una espada desnuda colgaba sujeta por tan sólo un cabello.
Damocies miró la espada, alzó los hombros, y se inclinó hacia el paquete depositado a su lado en el suelo.
Abrió el periódico, retiró un casco de bombero, con cubrenuca de malla, y se lo encajó en la cabeza.
Después, volvió a pedir asado.

 

This entry was written by Ea Pozoblock and published on 24, 2010 at .. It’s filed under Los recuerdos del porvenir and tagged . Bookmark the permalink. Follow any comments here with the RSS feed for this post.

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