1. Hay cosas que hay que creer para ver.
2. Una vez encendí un cigarro que se prendió sólo del lado izquierdo y me dije: “Me está siendo infiel en este instante”. Después recordé que no tenía novia.
3. Suelo recitar el alfabeto durante el lapso que el azúcar tarda en caer desde la espuma hasta el fondo del café capuchino. Se supone que la letra que coincida con el momento en que la cucharada se precipite es la primera letra del nombre de la persona que está pensando en ti. A mí siempre me sale la x.
4. Si te zumba el oído izquierdo es que alguien está hablando mal de ti, si es el derecho es que están dirigiendo una apología en tu honor. Si son los dos al mismo tiempo es que has tomado demasiado café tratando de encontrar a alguien que no se llame X.
5. Desde que tengo memoria evito pisar las grietas de las banquetas. Las salto, a veces a riesgo de torcerme el tobillo y quedar parapléjico. Pero no me ha traído buena suerte. Todo lo contrario. Cuando crucé con una x la opción “Procuro no pisar las grietas mientras camino”, me mandaron llamar los de Recursos Humanos y tuve que describirles las obscenas figuras de las manchas de Rorschach.
6. Pedir un deseo soplándole a una pestaña caída implica que el deseante no puede tener vista cansada, ni ser de esos a los que les sudan las manos ante la posibilidad de soplar y que la pestaña se les quede pegada al dedo ni, en fin, dedicar la vida a cazar las cosas que a uno se le caen de la cara.
7. Cientos de veces jugué con mi hermana a romper el hueso de los deseos del pollo. Todavía recuerdo la sensación resbaladiza del instante en que disputábamos el futuro promisorio en el cruce de esos dos huesos grasosos. Años después, ella tiene un empleo miserable y yo estoy desempleado. Acaso esa sea la razón por la que ahora somos vegetarianos.
8. No es caspa, lo que sucede es que el salero insiste en resbalarse de mis manos.
9. En el velorio de mi abuelo un pájaro entró por la ventana de la capilla. Era un signo de que otra muerte se aproximaba. Yo corrí a tocar madera. Abrí la caja y le di un puñetazo desesperado a la pierna de palo del muerto. Desde entonces las tías me dejaron de hablar.
10. Puedo atestiguar que es de mala suerte encender tres cigarros con el mismo cerillo. Una vez lo hicimos y, tras quince años, los tres tenemos principios de enfisema.
