Billy Kidd
Los días de mucho calor le parecían terriblemente abrumadores, se ponía de mal humor, gritaba a sus empleados, y no había ni una muestra de afecto para su familia. Su mujer, cansada de este estado de ánimo que iba y venía como el clima, se decidió a comprar un aire acondicionado, pero el humor de su marido no cambió. Por el contrario, se lamentó por los gastos.
La mujer, con paciencia, cambió el aire acondicionado por ventiladores medianos para las habitaciones. A su marido tampoco le gustó.
Entonces ella decidió un último cambio.
Cambió a su marido.