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Los cielos se abrieron y hordas de seres alados descendieron sobre la Tierra.
»¡Abogados!«, gritaron arcángeles y querubines, retrocediendo horrorizados al llegar al suelo.
Nosotros nos parapetamos tras los leguleyos, sonrientes, sabiendo que nuestra defensa en aquel Juicio Final sería encarnizada.
ja ja, excelente!!!!