Los centauros nacen de las águilas reales. Tensan sus arcos. Cazan jabalíes por las tardes y tocan sus trompetas al esconderse el sol. Bailan con antorchas encendidas y tambores rojos. Se embriagan cuando beben jugo de manzanas y de uvas guardadas. Son feroces en sus guerras, tienen tribus enemigas. Pintan soles en las rocas y celebran las fiestas de sus dioses. En la noche cantan a la tierra, a la luz fugitiva y a las montañas. Se enamoran, pero no tienen recuerdos.
Conocieron a unos seres que se les parecían y que se llamaban hombres. Eran muy débiles y lentos, sólo tenían dos patas, se engañaban entre ellos y adoraban a un dios que no existía, nadie lo podía ver. Estos hombres comenzaron a cazar a los centauros, les daban muerte o los encerraban en corrales y los hacían trabajar para ellos. Los centauros consultaron a sus brujos y a sus dioses, aprendieron a ser invisibles a los ojos de los hombres. Sólo los escuchan en sus carreras cuando salen a cazar el viento.
BRavo, Hernán!!!!