x¿Cómo decir para nombrarla? No diré vulva ni vagina. Boceta y babaca, tampoco diré, ¿cómo designarla entonces? Me falta el don de la poesía para crear la imagen justa y encontrar una comparación para lo incomparable. Quisiera coronarla con las flores del poema, pero me falta la inspiración del bardo; la fragua mágica del vate. Como prosador, tierra a tierra, no sé cómo denominarla, no la merezco.
Flor de cactus, trago aguardentoso, cráter de volcán, la comepalo, la hecha de clavo y canela, pozo sin fondo, puerta de oriente, mansión de árabe, mezquita, precipicio, la xoxota en fuego de Gabriela.
La chatte de madame, pasto de no-me-olvides, campo de amapolas, piso de placeres, mapa del refinamiento, alcahueta de viejos, maestra de muchachos, gata en celo, matriz del ípsilon, el xibiu doctor honoris causa de mi personaje Tieta.
Los tres centavos, la vendida, la comprada, la violada, la manchada, la fuente de miel, la barra de la mañana, la luz del candelero, la llamarada, la naciente del agua, la boca del río, la concha del mar, ¡ay!, la boca del mundo de Tereza.
No diré rosa marchita, marino, fuego del infierno, bálsamo del estropicio, el altar mayor, la gruta oscura, la aurora, la noche, la estrella, la colina del deleite, el pistilo, el chupón, la madona, la campesina, la pazza, la loca de Albano, la mamma, la prueba del 9, la casa del pudor, la puerta de la perdición, el Apocalipsis; no diré abismo donde fallezco y resucito, no diré ¡madre de Dios!, mujer del perro: iré a buscarla donde la coloqué un día para resguardarla. La escondí allá donde tú sabes, en la x de la cuestión de doña Flor, y diré la encueradita de Euá. Diré la encueradita y tú entenderás que me refiero a ella. Tomarás la llave de la divina y abrirás la puerta del tabernáculo, caballero y montura, amazona bravía y fogoso jinete recorreremos los caminos, mi yegua se llama la Encueradita, tu caballo se hace llamar el bueno de trote y de galope.
En la hora final quiero en ella posar la mano, tocar el vello, el pétalo del bulbo, sentir la dulce consistencia, la suavidad, y en ella depositar mi último suspiro.
