Salió el sexto toro
Ocurrió entonces una cosa extraordinaria, inaudita: tras de torear superiormente al toro y de pasarlo de muleta a las mil maravillas, cogiò su estoque, y en lugar de hundirlo en el morrillo del animal, como era de esperar, lo lanzó al aire con tanta fuerza, que fue a clavarse en el suelo, voltejeando a veinte pasos de él.
- ¿Qué piensa hacer? – gritaron de todas partes-. ¡Eso no es valor! ¡Eso es una locura! ¿Qué nueva suerte es esa? ¿Va a matar al toro dándole un capirotazo en el hocico?
Juancho, lanzando al palco donde Militona se hallaba una mirada inefable, en la que se fundían todo su amor y todas sus pesadumbres, se quedò inmóvil ante el toro.
Humilló la cabeza el animal, y el asta penetró completamente en el pecho del hombre y salió ensangrentada hasta la cepa.
Un colosal grito de horror, compuesto de diez mil voces se elevó hasta el cielo.
Militona, pálida como una muerta, se desplomó sobre su silla. En aquel supremo minuto sintió amor por Juancho.