Tenían los hugonotes, en una sala de Francia, una iglesia derruida, con un san Sebastián maltratado al que le faltaban la cabeza y un brazo.
El cura, tras la misa, les reprochó a los de la cofradía por qué dejaban al santo de este modo y los convenció de encargar uno nuevo.
El guardián y otros labriegos fueron a la ciudad y, tras hallar un escultor, le encargaron un san Sebastián.
- ¿De qué madera lo quieren?- preguntó el artífice
- De madera durable – dijeron – ya que después lo haremos dorar.
-¿Quienen que lo haga traspasado por muchas heridas?
Contestaron que sí.
-¿Quieren que lo represente vivo o muerto?
Los labriegos lo miraron desorientados. El primero dijo que no lo sabía; el segundo, que hacía falta volver y preguntárselo al cura. El tercero, queriendo hacerse el sabelotodo, aunque era el más ignorante, dijo.
- Me sorprende, hermanos que quisierais por esta duda volver a casa sin concluir el asunto.
Y dirigiéndose al escultor añadió.
- Hágalo vivo. Si el cura o los demás de la cofradía lo quieren muerto, lo matarán.
San Sebastián y los hugonotes, Giovanni Sagredo
06 oct
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