El filósofo chino Ko Hung pasó los últimos años de una larga vida preparando píldoras de inmortalidad.
« Se toman tres libras de auténtico cinabrio, escribió Ko Hung, y una libra de miel blanca. Se mezclan y se ponen a secar la mezcla bajo el sol. Luego se tuesta sobre el fuego hasta que se le pueda dar forma de píldoras. Cada mañana se toman diez píldoras del tamaño de un cañamón. En el curso de un año los cabellos blancos se volverán negros, los dientes destruídos volverán a crecer, el cuerpo se volverá lustroso y brillante. Si un viejo toma esta medicina por un largo periodo de tiempo se convertirá en joven. Y aquel que la tome constantemente disfrutará de la vida eterna y no morirá».
Un día, un amigo llegó a visitar al solitario investigador y filósofo, pero todo lo que encontró fueron las ropas vacías de Ko Hung. El viejo había desaparecido; había pasado al reino de los inmortales.
