El castigo más prodigiosamente horrible que se había inventado nunca contra el amor: dos adúlteros eran condenados a odiarse. Sujetos espalda contra espalda por inflexibles ataduras… los amantes eran arrojados a un yermo, sin alimentos y sin agua. Al poco tiempo aquellos que se habían amado por toda la vida, enloquecidos por el hambtre, terminaban por destrozarse, por devorarse. Una especie de suicidio espiritual, de asesinato del alma.
