
Heino Kalis
Oye: imagina que te ha llegado la hora de morir. Estás solo y muy débil, y agonizas mientras el viento agita el estrecho río que atraviesa tus amplias tierras. Hay un silencio y luego una voz te dice: Uno de estos paños es el cielo, el otro el infierno. Elige uno para siempre; yo no te diré cual; tu lo dirás, con tu propia fuerza. ¡Míralos bien! Y tú, mi señor, abres los ojos y al pie de tu lecho familiar ves un gran ángel de Dios, con nunca vistos colores en las alas y en los brazos abiertos y contra una luz que viene del fondo del cielo, mostrándolo bien y haciendo que sus órdenes sean como órdenes de Dios, y sosteniendo en las manos los lienzos. Uno de estos extraños lienzos es azul y alargado y el otro breve y rojo, y nadie puede decir cual es el mejor. Después de una despavorida media hora, exclamas: ¡Que Dios me ampare! ¡El color del cielo! ¡El azul! El ángel dice: El infierno. Tal vez entonces te revuelves en el lecho y gritas a cuantas personas te quisieron: ¡Ah Cristo, si yo hubiera sabido, sabido!