
En la segunda guerra mundial, en un pueblo ruso, una bomba cayó en un hospicio, matando a cientos de niños. El espacio se pobló de espíritus que jamás fueron despedidos de acuerdo a la costumbre.
Los muertos no tenían a dónde ir. Huérfanos, añoraban la tierra que les dio vida. Amaban todavía sus ríos y montañas, y por nostalgia o incertidumbre se quedaron a vivir entre las ruinas.
Años después el gobierno utilizó este lugar para construir un reactor nuclear, conocido como Chernobil.
Fantastico!, mas por lo que no se dijo que por lo que dice.