La canción de la sirena

Los retratos de Han Lei

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Han Lei

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El Espejo de Viento y Luna

Publicado en Canciones de la costra nuestra por Ea Pozoblock en Septiembre

Aphostol

Aphostol

En un año las dolencias de Kia Yui se agravaron. La imagen de la inaccesible señora Fénix gastaba sus días; las pesadillas y el insomnio, sus noches.

Una tarde un mendigo taoísta pedía limosna en la calle, proclamando que podía curar las enfermedades del alma. Kia Yui lo hizo llamar. El mendigo le dijo: “ Con medicinas no se cura su mal. Tengo un tesoro que lo sanará si sigue mis órdenes.” De su manga sacó un espejo bruñido de ambos lados; el espejo tenía la incripción: Precioso Espejo de Viento – y – Luna. Agregó: “Este espejo viene del Palacio del Hada del Terrible despertar y tiene la virtud de curar los males causados por los pensamientos impuros. Pero guárdese de mirar el anverso. Sólo mire el reverso. Mañana volveré a buscar el espejo y a felicitarlo por su mejoría.” Se fue sin aceptar las monedas que le ofrecieron.

Kia Yui tomó el espejo y miró según le había indicado el mendigo. Lo arrojó con espanto: El espejo reflejaba una calavera. Maldijo al mendigo; irritado, quiso ver el anverso. Empuñó el espejo y miró: Desde su fondo, la señora Fénix, espléndidamente vestida, le hacía señas. Kai Yui se sintió arrebatado por el espejo y atravesó el metal y cumplió el acto de amor. Después, Fénix lo acompañó hasta la salida. Cuando Kia Yui se despertó, el espejo estaba al revés y le mostraba, de nuevo, la calavera. Agotado por la delicia del lado falaz del espejo, Kia Yui no resistió, sin embargo, a la tentación de mirarlo una vez más. De nuevo Fénix le hizo señas, de nuevo penetró en el espejo y satisfacieron su amor. Esto ocurrió unas cuantas veces. La última, dos hombres lo apresaron al salir y lo encadenaron. “ Los seguiré – murmuró -, pero déjenme llevar el espejo.” Fueron sus últimas palabras. Lo halllaron muerto, sobre la sábana manchada.

Tsao Hsue- Kin

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Unicornio

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Stephan Brauchli

Universalmente se admite que el unicornio es un ser sobrenatural de buen aguero; así lo declaran las odas, los anales, las biografías de varones ilustres, resúmenes y otros textos similares. Hasta las mujeres del pueblo y los párvulos saben que el unicornio constituye un presagio favorable.

Pero este animal no figura entre los animales domésticos, no siempre es fácil encontrarlo, además, su aspecto no se presta a una clasificación.

No es como el caballo o el toro, o el perro o el puerco, el lobo o el ciervo.

En tales condiciones, podríamos estar frente al unicornio y no sabríamos con seguridad lo que es. Sabemos que tal animal con crin es caballo y que tal animal con cuernos es toro. El perro y el puerco, el lobo y el ciervo, sabemos lo que son. No sabemos cómo es el unicornio. Pero si no se puede reconocer al unicornio, es muy natural que se le pueda considerar como nefasto.

El hecho es que, cuando aparece un unicornio, siempre hay un sabio cabal en el lugar; el unicornio aparece por el sabio. Ahora bien, un sabio cabal está seguro de reconocer al unicornio y sabe a ciencia cierta que el unicornio sólo puede ser fausto.

Se puede, pues, decir que aquello que caracteriza al unicornio como tal es su virtud y no su aspecto. Si aparece sin esperar a que haya un sabio para reconocerlo, ¿no sería natural que se le considerara como nefasto?

Han Yu

 

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El encuentro

Yangqi 02

Yangqi

Ch’ienniang era la hija del señor Chang Yi, funcionario de Hunan. Tenía un primo llamado Wang Chu, que era un joven inteligente y bien parecido. Se habían criado juntos, y como el señor Chang Yi quería mucho al joven, dijo que lo aceptaría como yerno. Ambos oyeron la promesa y como ella era hija única y siempre estaban juntos, el amor creció día a día. Ya no eran niños y llegaron a tener relaciones íntimas. Desgraciadamente, el padre era el único en no advertirlo. Un día un joven funcionario le pidió la mano de su hija. El padre, descuidando u olvidando su antigua promesa, consintió. Ch’ienniang, desgarrada por el amor y por la piedad filial, estuvo a punto de morir de pena, y el joven estaba tan despechado que resolvió irse del país para no ver a su novia casada con otro. Inventó un pretexto y comunicó a su tío que tenía que irse a la capital. Como el tío no logró disuadirlo, le dio dinero y regalos y le ofreció una fiesta de despedida. Wang Chu, desesperado, no cesó de cavilar durante la fiesta y se dijo que era mejor partir y no perseverar en un amor sin ninguna esperanza. Wang Chu se embarcó una tarde y había navegado unas pocas millas cuando cayó la noche. Le dijo al marinero que amarrara la embarcación y que descansaran. No pudo conciliar el sueño y hacia la media noche oyó pasos que se acercaban. Se incorporó y preguntó: “¿Quién anda a estas horas de la noche?” “Soy yo, soy Ch’ienniang”, fue la respuesta. Sorprendido y feliz, la hizo entrar en la embarcación. Ella le dijo que había esperado ser su mujer, que su padre había sido injusto con él y que no podía resignarse a la separación. También había temido que Wang Chu, solitario y en tierras desconocidas, se viera arrastrado al suicidio. Por eso había desafiado la reprobación de la gente y la cólera de los padres y había venido para seguirlo adonde fuera. Ambos, muy dichosos, prosiguieron el viaje a Szechuen. Pasaron cinco años de felicidad y ella le dio dos hijos. Pero no llegaron noticias de la familia y Ch’ienniang pensaba diariamente en su padre. Esta era la única nube en su felicidad. Ignoraba si sus padres vivían o no y una noche le confesó a Wang Chu su congoja; como era hija única se sentía culpable de una grave impiedad filial. -Tienes un buen corazón de hija y yo estoy contigo -respondió él-. Cinco años han pasado y ya no estarán enojados con nosotros. Volvamos a casa-. Ch’ ienniang se regocijó y se aprestaron para regresar con los niños. Cuando la embarcación llegó a la ciudad natal, Wang Chu le dijo a Ch’ ienniang: -No sé en qué estado de ánimo encontraremos a tus padres. Déjame ir solo a averiguarlo-. Al avistar la casa, sintió que el corazón le latía. Wang Chu vio a su suegro, se arrodilló, hizo una reverencia y pidió perdón. Chang Yi lo miró asombrado y le dijo: -¿De qué hablas? Hace cinco años que Ch’ ienniang está en cama y sin conciencia. No se ha levantado una sola vez. -No estoy mintiendo -dijo Wang Chu-. Está bien y nos espera a bordo. Chang Yi no sabía qué pensar y mandó dos doncellas a ver a Ch’ ienniang. A bordo la encontraron sentada, bien ataviada y contenta; hasta les mandó cariños a sus padres. Maravilladas, las doncellas volvieron y aumentó la perplejidad de Chang Yi. Entre tanto, la enferma había oído las noticias y parecía ya libre de su mal y había luz en sus ojos. Se levantó de la cama y se vistió ante el espejo. Sonriendo y sin decir una palabra, se dirigió a la embarcación. La que estaba a bordo iba hacia la casa y se encontraron en la orilla. Se abrazaron y los dos cuerpos se confundieron y sólo quedó una Ch’ ienniang, joven y bella como siempre. Sus padres se regocijaron, pero ordenaron a los sirvientes que guardaran silencio, para evitar comentarios. Por más de cuarenta años, Wang Chu y Ch’ ienniang vivieron juntos y felices.

Cuento de la dinastía Tang

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Cunde Wang

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Huang Geshen

Huang Gesheng

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El vendedor de lanzas y escudos

Thomas Niccum

En el Reino de Chu vivía un hombre que vendía lanzas y escudos.

- Mis escudos son tan sólidos -se jactaba- que nada puede traspasarlos. Mis lanzas son tan agudas que nada hay que no puedan penetrar.

- ¿Qué pasa si una de tus lanzas choca con uno de tus escudos? -preguntó alguien.

El vendedor no supo qué contestar.

Cuento chino

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Las píldoras de la inmortalidad

Fay Ku

El filósofo chino Ko Hung pasó los últimos años de una larga vida preparando píldoras de inmortalidad.

« Se toman tres libras de auténtico cinabrio, escribió Ko Hung, y una libra de miel blanca. Se mezclan y se ponen a secar la mezcla bajo el sol. Luego se tuesta sobre el fuego hasta que se le pueda dar forma de píldoras. Cada mañana se toman diez píldoras del tamaño de un cañamón. En el curso de un año los cabellos blancos se volverán negros, los dientes destruídos volverán a crecer, el cuerpo se volverá lustroso y brillante. Si un viejo toma esta medicina por un largo periodo de tiempo se convertirá en joven. Y aquel que la tome constantemente disfrutará de la vida eterna y no morirá».

Un día, un amigo llegó a visitar al solitario investigador y filósofo, pero todo lo que encontró fueron las ropas vacías de Ko Hung. El viejo había desaparecido; había pasado al reino de los inmortales.

Joseph Campbell

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Aquí no hay trescientas onzas de plata

Había un hombre que ganó trescientas onzas de plata, una cantidad tan grande que no sabía donde guardarla. Hizo un agujero en el jardín y las enterró poniendo un letrero que decía Aquí no hay trescientas onzas de plata. Su vecino, de nombre Wang Er, se extrañó del comportamiento nervioso del hombre y fue al jardín. desenterró la  plata y dejó un letrero que decía Wang Er no se las llevó.

Cuento Chino

 

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Caos

michal-macku-2Michal Macku

Los amigos de Caos lo amaban por todas sus bondades. Quisieron agradecérselo. Discutieron entre sí y llegaron a una conclusión.

Observaron que Caos no tenía órganos sensoriales para distinguir el mundo exterior, por lo que decidieron dotarlo de los sentidos primordiales. Un día le dieron los ojos, otro día la nariz y en una semana lograron transformarlo en una persona tan sensible como ellos.

Mientras festejaban por el éxito de su empresa, Caos murió

Chuang-Tzé

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