El nacimiento de la col, Rubén Dario

de

En el paraíso terrenal, en el día luminoso en que las flores fueron creadas, y antes de que Eva fuese tentada por la serpiente, el maligno espíritu se acercó a la más linda… Sigue leyendo

Envejeceremos juntos, Li Po

de

Siempre me decías: “Envejeceremos juntos. Mis cabellos y los tuyos se iluminarán de nieve y de luna” Pero hoy amas a otra, y hoy vengo a ti, vengo dolorida a darte mi ultimo… Sigue leyendo

No quisiera que lloviera, Cristina Peri Rossi

de

No quisiera que lloviera te lo juro que lloviera en esta ciudad sin ti y escuchar los ruidos del agua al bajar y pensar que allí donde estás viviendo sin mí llueve sobre… Sigue leyendo

Autorretrato, Juan Marsé

de

Siempre pertrechado para irse al infierno en cualquier momento. El rostro magullado y recalentado acusa las rápidas y sucesivas estupefacciones sufridas a lo largo del día, y algo en él se está desplomando… Sigue leyendo

Diario de la bomba, Jorge Volpi

de

1 A fuerza de una repetición tan inclemente como vana, la imagen se ha vuelto anodina: la sublime belleza del horror. La columna de humo incandescente elevándose hacia el cielo. El paraguas espumoso… Sigue leyendo

Cambio de vida, María Carvajal

de

David vivía felizmente con su mujer en una masía rodeada de prados azules. Era leñador y propietario de una fábrica de sonrisas de madera que su padre, antes de morir, le había dejado… Sigue leyendo

Las palabras y las cosas, Miguel Martínez López

de

Yo no lo recuerdo pero mi madre me cargaba en brazos cogía entre las suyas mis dos pequeñas manos que no eran manos todavía que eran ruiseñores mudos y ni eso que eran… Sigue leyendo

El hombre que ríe, J. D. Salinger

de

Todas las tardes, cuando oscurecía lo suficiente como para que el equipo perdedor tuviera una excusa para justificar sus malas jugadas, los comanches nos refugiábamos egoístamente en el talento del jefe para contar… Sigue leyendo

Sexus, Henry Miller

de

Siempre que la belleza de la mujer se vuelve irresistible, se la puede rastrear hasta la única cosa que la produce. Esa cosa, con frecuencia un defecto físico, puede asumir proporciones tan irreales… Sigue leyendo

La ley de la inercia, Miguel Bravo Vadillo

de

He pasado toda la noche delante del televisor, viendo viejas películas, bebiendo ginebra con tónica y fumando sin parar. Lo malo es que no se trata de una noche aislada, ya llevo cuarenta… Sigue leyendo

Infalibilidad, Raúl Leis

de

Cuando el diablo guardián abrió por primera vez —en más de tres siglos— el portón de la celda de Galileo Galilei en la calcinante prisión del infierno, farfulló el contenido del cable internacional… Sigue leyendo

Los mejores de la raza, Charles Bukowski

de

No hay nada que discutir no hay nada que recordar no hay nada que olvidar es triste y no es triste parece que la cosa más sensata que una persona puede hacer es… Sigue leyendo

Aquí, Wislawa Szymborska

de

No sé cómo será en otras partes pero aquí en la Tierra hay bastante de todo. Aquí se fabrican sillas y tristezas, tijeras, violines, ternura, transistores, diques, bromas, tazas. Puede que en otro… Sigue leyendo

Parar en algún lugar en la Tierra, John Ashbery

de

Parecía, por un momento, que se había alcanzado un nuevo punto. No era el momento de hacer digresiones pero las hizo inevitables, como el telón al final de un acto. Te conducía a… Sigue leyendo

Asesinadas Juarenses, Guillermo Sastre

de

Al sin fin de injusticias, bellos sueños son asesinados, crímenes premeditados, hombres de mal corazón, inhumanos, mala su ralea desde su triste cuna, matan como hienas sueños confiados y la memoria sigue indeleble.… Sigue leyendo

El libro para envejecer, Yves Bonnefoy

de

Estrellas trashumantes; y el pastor que se inclina Sobre la dicha de la tierra; y tanta paz Como ese grito irregular de insecto Que un dios pobre modela. De tu libro Subió el… Sigue leyendo

Carta del presidente H. Truman al Papa Pacelli (Pio XII).

de

Como bautista y como jefe ejecutivo de la más grande y poderosa nación del mundo, en la cual todos me llaman simplemente Señor Truman, no puedo dirigirme a Ud. como Su Santidad, titulo… Sigue leyendo

Tres historias, Steve Jobs

de

Discurso de Steve Jobs a los graduados de Stanford en 2005. Tengo el honor de estar hoy aquí con vosotros en vuestra graduación en una de las mejores universidades del mundo. Nunca me… Sigue leyendo