Salir de casa, salirse de sí, Mariel Manrique

de

De la mano de Miriam Reyes, me hago ciruela entre las paredes de mi estómago. Me hago pequeña y roja entre paredes ausentes, concentrada en la desaparición inevitable y progresiva de mi pulso,… Sigue leyendo

Se va la niña de mí dañada, Merlina Acevedo

de

Se va la niña de mí dañada Se va la niña de mí dañada y soñará mares de sal amar, ama, la sed es al amar, ¡dolida y sabia niña dañada!, ¡ya daña,… Sigue leyendo

Infalibilidad, Raúl Leis

de

Cuando el diablo guardián abrió por primera vez —en más de tres siglos— el portón de la celda de Galileo Galilei en la calcinante prisión del infierno, farfulló el contenido del cable internacional… Sigue leyendo

El lobo, Bárbara Korun

de

Y me es ajeno, ajeno, éste que es un lobo y carcome mi cuerpo desde abajo, mete su morro en todos los agujeros y lame, es extraño, tan extraño, me escondo, me contraigo… Sigue leyendo

Los dos amantes, María de Francia

de

Sucedió antaño en Normandía una aventura muy famosa de dos jóvenes que se amaron y murieron víctimas de su amor. Los bretones los recordaron en un lai que tuvo por título Los dos… Sigue leyendo

El desafío de la creación, Juan Rulfo

de

Desgraciadamente yo no tuve quién me contara cuentos; en nuestro pueblo la gente es cerrada, sí, completamente, uno es un extranjero ahí. Están ellos platicando; se sientan en sus equipajes en las tardes… Sigue leyendo

El alma de la máquina, Baldomero Lillo

de

La silueta del maquinista con su traje de dril azul se destaca desde el amanecer hasta la noche en lo alto de la plataforma de la máquina. Su turno es de doce horas… Sigue leyendo

El muerto en el mar de Urca, Clarice Lispector

de

Yo estaba en el apartamento de doña Lourdes, costurera, probándome el vestido pintado por Olly, y doña Lourdes dijo: murió un hombre en el mar, mire a los bomberos. Miré y solo vi… Sigue leyendo

El ruido del río, Jean Rhys

de

La bombilla eléctrica colgaba de un corto cable desde el centro del techo de la habitación, y como no había luz suficiente para leer se tumbaron en la cama y charlaron. El viento… Sigue leyendo

Sobre el amor incondicional, Siddharta Gautama

de

«Cómo debe obrar aquél que es capaz de lo saludable para ganar el estado de sosiego, es así: Debe ser hábil, íntegro, sincero y sin orgullo, afable, apacible y muy contento, fácilmente satisfecho… Sigue leyendo

Mademoiselle Yvonne, Jan de Jager

de

Esta es una historia de cuando mi abuelo era pibe. Entiendo que por respeto a la memoria de mi abuela, él la contaba como si el protagonista fuese otro, pero estoy casi seguro… Sigue leyendo

El gallo de Sócrates, Leopoldo Alas (Clarín)

de

Critón, después de cerrar la boca y los ojos al maestro, dejó a los demás discípulos en torno del cadáver, y salió de la cárcel, dispuesto a cumplir lo más pronto posible el… Sigue leyendo

Mountain of India, Raimon Arola y Lluïsa Vert.

de

“¡Quién me mandaría a mí venir a la India!”, se preguntaba el hombre de la camisa verde mientras trataba de abrirse paso en medio de una marea de cuerpos pequeños, sudorosos y oscuros… Sigue leyendo

Soy un salvaje que nada entiende, Jefe Seattle

de

Corría el año 1855 cuando el presidente de los EEUU, Franklin Pierce, propuso a los indios Duwamish comprarles sus tierras y que ellos se fueran a una reserva. Los indios no entendían nada.… Sigue leyendo

La partida, JCPozo

de

Otra vez el guitarrista dejó de tocar. Como ya es costumbre, deja a la guitarra tocando sola y se sale a recorrer el mundo. El camino que él se sabe tan bien, vereda… Sigue leyendo

Hogar, Itsvan Örkény

de

La niña tenía cuatro años, de manera que con seguridad sus recuerdos eran confusos. Su madre, para hacerla consciente del inminente cambio, la llevó hasta la cerca de alambre de púas y, de… Sigue leyendo

Mea culpa, Peter Handke

de

Vine al mundo. Llegué a ser. Me engendraron. Me crearon. Me formé. Me dieron a luz. Me anotaron en el Registro Civil. Crecí. Me movilicé. Movilicé partes de mi cuerpo. Moví mi cuerpo.… Sigue leyendo

Canción de los vendimiadores, Miguel Hernández

de

Si vas a la vendimia, mi niña, sola, volverás con la saya de cualquier forma. Y a pocos meses te rondarán el talle sandías verdes. De la vendimia vengo sola, mi niño, con… Sigue leyendo