Sirenas tajantes, Guillermo Samperio

Mientras escribía un relato en mi nueva computadora, escuché de pronto un sonido de guitarras a mi espalda; al principio no le di importancia, pero al poco rato recordé que no tenía radio ni aparato alguno en funciones. Pensé en un guitarrista callejero, pero la música era tan vívida dentro de la casa, que dispuse asomarme a la sala. Allí encontré una pecera enorme que nadie había traído y dentro de ella dos sirenas entonando canciones de Heitor Villa-Lobos; me miraron, me sonrieron y yo me acerqué a ellas con ganas de enamorarme de cualquiera, o de las dos. Cuando toqué el vidrio con la intención de meterme al agua y hacer el amor con las sirenas, la pecera reventó como un gran globo de Cantoya y, para acabarla de amolar, desaparecieron las mujeres de cola de pescado. Regresé confundido a mi computadora y escribí esta constancia de la posibilidad imaginativa de la electrónica ante la contundencia de lo fantástico.