Fantasmas y el fantasma, JCPozo

Constantin Ciubanu

Juro que no morí (Paul McCartney)

A mis hermanos…y a Juana, por supuesto,

Los fantasmas detienen el tiempo…
Se sumergen hasta lo más oculto de nosotros para revelarnos, al emerger, todo eso que somos y que a veces se queda por siempre enterrado; para incluirnos en una historia forjada por ellos, una historia que flota sobre el tiempo, dispuesta en cualquier momento a manifestarse ávida siempre de presente; para que nos reconozcamos en un lenguaje donde las palabras trascienden su naturaleza y nos exige ser otros para llegar a ser nosotros mismos; para entendernos, finalmente, en un idioma secreto que coexiste con lo sagrado.

(Autobiográfico)
Mi primer encuentro lo tuve a muy temprana edad. No pasaba yo de los seis años cuando vino a verme. Mi visitante era un auténtico fantasma, de esos sin huesos ni piel.

El Fantasma.

Soñaba yo castillos en el aire
cuando vino por primera vez.
Aquello fue un auténtico fantasma
de esos sin huesos ni piel.
Fue en la mitad de una noche sin luna
Sentí algo extraño que no pude resistir.
Sabía que si los ojos abría,
algo espantoso me iba a ocurrir.

Y desperté y ahí estaba junto a mí,
el corazón se me quería salir.
Me hipnotizó con ojos de rubí,
mientras se iba metiendo en mí.

Me levanté de un salto de la cama,
¡El valor del miedo es así!
Atravesé la silueta del fantasma,
que ya venía detrás de mí.
Por fin llegué al otro lado de mi cuarto
Donde dormía mi nanita me acerqué.
Le sacudí su cama de rodillas
Para que viera lo que yo miré.

Y despertó y ella también lo vio;
me abrazó buscando protección.
Y me dejó sus uñas en la piel,
prendió la luz y por fin se fue.

Quedamos prendidos mi nana y yo por largos momentos, enlazados en un secreto que era necesario divulgar. Le contamos el suceso a todo el mundo y el mundo… se pitorreó de nosotros.
Siguieron los años y las apariciones. Y aunque no conversaba con ellos, siempre tuve la impresión de que mis visitantes me conocían y yo formaba parte de algo muy especial para ellos. Era yo, pues, un muchacho que veía fantasmas; y se me notaba, ahora lo sé. Alguien que supiera de esas cosas me lo hubiera notado fácilmente. Se percibe un aire extraño en los que han visto fantasmas: sus miradas proyectan una especie de veneración y humildad ante lo inmenso, lo espiritual, lo ancestral; pero también se percibe que ya el alma ha sido afectada y es vulnerable, no a lo cotidiano que bien afronta con firmeza, sino a lo místico, para lo que ya se han abierto las puertas de nuestros más recónditos secretos.


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