La sirena, Alfred Tennyson

Pero por la noche me imaginaría lejos, lejos,
dejaría que cayera a los lados mi cascada de rizos,
saltaría con ligereza sobre el trono y jugaría
con los tritones entre las rocas;
correríamos de aquí para allá, escondiéndonos y buscándonos
sobre los altos y ondulados terrenos marinos en las conchas carmesí,
cuyas plateadas puntas se asoman al mar.

Pero si alguien se acerca gritaré
y como una ola saltaré desde las diamantinas cornisas
que sobresalen de la hondonada.

Porque a mí no me besaría cualquiera de los atrevidos y
alegres tritones del fondo del mar;
ellos me seguirían y me cortejarían y me halagarían
en el púrpura crepúsculo del fondo del mar.

Pero el rey de todos ellos sí que podría llevárseme
y cortejarme, ganarme y casarse conmigo,
entre las ramas de jaspe del fondo del mar.

Entonces todos los seres que están en los incoloros musgos
del fondo del mar, se enroscarán silenciosamente
a mi plateado pie, mirando hacia arriba, buscando mi amor.

Y cuando yo cantara alegremente desde lo alto,
todos los seres blandos, ahorquillados y con cuernos
se asomarían a la honda esfera del mar
y mirarían abajo buscando mi amor