La Ola

David Bellemère

David Bellemère

-¡Ay compadre!, si las mujeres bellas supieran el poder que tienen sobre nosotros… ¡A temblar, se ha dicho!
-No, compadre, sí lo saben. Ellas están enteradas perfectamente de los alcances de su poder. Lo malo para su causa, y bueno para la nuestra, es que generalmente las traiciona el corazón.


Llegó sencilla y con perfume de magnolia y toditos en la bola la quisimos conquistar.

Venía de afuera y tenía un vaivén distinto porque desde que la vimos nos puso a suspirar.

Tenía los ojos mas hermosos de la tierra se reía con cualquiera
o se ponía a platicar.

Y cada quien pensando que era el elegido
formó una rivalidad

y se encendían las alarmas
si alguien se atrevía a cruzar
la frontera que separa
el amor de la amistad.

De cara al suelo y con candados terminamos esa escuela de verano sin saber que nos pasó.
Quedó tirado por el suelo lo más bueno: la lealtad al compañero por ganar su corazón.

Ya con canciones, con retratos o poesía, pero nadie se atrevía a declararle su amor;
más cuando alguien se acercaba demasiado…!Ah! eso sí, que no.

Se peleaba como perros
por ser el conquistador;
nos quedó, el amor, muy grande
y perdimos la razón.

Se fue la ola y dejó seca la tierra y su espuma de magnolias quedó entre hojas de papel.
Al irse el rayo de su cuerpo se perdieron los colores en el cielo y el sol en nuestra piel.

Y aunque nada hubo que pudiera compararse al intenso sentimiento que ella pudo provocar.
Nos invitamos, un cartón y unos cigarros y a seguir con la amistad.

Y en la tarde, a celebrarlo.
A gozar la libertad.
Fue hasta entonces que soltamos
lo que hubimos que guardar.
Ya se opinaba de su cuerpo,
de cómo nos puso a temblar,
Sólo yo estaba en silencio… A mí me vino a enamorar.
Sí.
A mí, me vino a enamorar.

JCPozo