Manojo de hierbas

INNA Muzychuk

Inna Muzychuk

¿Alguien se acuerda de su corazón de niño? ¡Ah!, con qué alma tan cristalina queríamos a Dios, a María, a nuestro perro muriendo. ¿Dónde se oculta la ternura y el cariño que nos movía las lágrimas por otro niño, especialmente cuando, a pesar de nuestra corta edad, advertíamos que era víctima de una injusticia? Ese era un sentimiento que nacía realmente del pecho y no del estómago, como con los deseos.
Así, en medio de un conflicto, la miro a los ojos hasta que encuentro a la niña. Entonces, ella ya no me pregunta si la quiero.

Manojo de hierbas

Una muchacha bonita,
me pidió fuera al bosque a traer,
un manojo de hierbitas,
pues su mamá no se sentía bien.

Por el camino, en mi mula,
de sus ojos me acordé
y al recordar su hermosura,
del encargo me olvidé.

Y en lugar de pahtli para la cabeza
o de mazalleli para la sordera
y tlanextli para la garganta y cualquier dolor.
Me acordé sólo de su boquita,
de su voz dulce de palomita
y de las trenzas con las que de mí se despidió.

Y sumamente angustiado,
ya no sabía que hacer
Sólo pensaba en la cara
de tristeza que iba a poner.

Estaba al borde del llanto
y de pronto se apareció.
Me dijo, “te vine siguiendo
para ir a buscarlas los dos”.

Hierba de pahtli para la cabeza
y de mazalleli para la sordera
y tlanextli para la garganta y cualquier dolor.
Ahora ya miro su boquita
y oigo su voz de palomita
y veo su pelo que se lo suelta al sol.

JCPozo