¿Por qué quiero tanto que me quiera?

Thierry Le Goues

¿Será mi ardorosa e infantil necesidad de afectos ante la que no me
puedo convertir en estatua o renunciar a ella, analizando sus efectos o
practicando, con la mente serena, el desapego espiritual, apartado del mundo y embriagado de Dios, hasta volverla inofensiva? O quizás,
inconscientemente, pretendo que esta necesidad sea insaciada para poder simbolizar su inanición por medios artísticos, como la música, y que cuyos efectos satisfagan la necesidad de afecto de otros y a la vez, por causa y efecto los míos propios.

¡Ba! ¡Por Saturio! ¡Aterriza, muchacho, esas son “japonerías”!, diría
un ilustre y eterno nicaragüense.

No, no es eso.

Son sus ojos; es su boca, su cuerpo vibrante y siempre dispuesto. Es la forma como encaja mi quijada en la copa de sus manos y la frota como concediéndome un deseo; y es, en definitiva, que nuestros afectos germinan y suceden a un ritmo muy distinto.

Por querer tanto que me quiera…

¿Dónde quedaron los dulces y apacibles amores de mi pasado
que no me traían como un pobre enamorado que ha perdido la razón?

Ahora la ingrata que quiero se aprovecha de mi vida
y, a pesar de sus desprecios, cada día la quiero más.

¡Ayayay!

¿Será que a todos nos pega el mal de amores una vez en la vida?;
un amor que comienza siendo brisa y se torna en tempestad.

Pues déjenme decirles que yo sufro uno de ésos:
un momento la desprecio y después la vuelvo amar.

Pero ahí sigo yo de necio, buscándome más problemas.

Hoy me pidió que viniera y yo voy a verla;
ya han sido muchos los días de mi condena;
que ganas tengo ya de tenerla cerca
y el tren que me va llevando por el camino me acuerda:
la noche que antes brillaba ha quedado seca de estrellas;
que debo bajarme antes… ¡ah!, pero me muero por verla.

Mientras me voy acercando al gran momento voy releyendo mi carta:
intento desesperado del que sufre y se niega aceptar el adiós.

Y siento que es un capricho; que es tan sólo una quimera;
que debo bajarme antes en la próxima estación.

¡Ayayay!

Pero se vienen recuerdos que me encienden las ansias que tengo de
verla.

Que diga lo que ella quiera, no me importa, con tal de escucharle la voz.

Curioso lo que le pasa a un pobre hombre enamorado,
que su obsesión va creciendo cuanto más crece su dolor.

Pero ahí sigo yo de necio, llenando a mi alma de penas.

Al llegar el momento de la reunión,
la veo esperando hermosa por la ventana.
Con sus brazos de hielo apenas me abraza
y me devuelve en dos bolsas lo que le di con amor;
me dice gracias y adiós pues alguien ya la esperaba.

…se fue y allí me dejó, sin darme tiempo de nada.

JCPozo

3 comentarios sobre “¿Por qué quiero tanto que me quiera?

  1. Muchas gracias, Ernesto por tus palabras y por navegar dentro de esta cueva de los naufragos cautivos de las sirenas.

    Saludos y canciones.

.

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