¡Domingo!, Sarainés Kasdan

Inna Muzychuk

¡Papá… mira a Inés… me está agarrando mis cosas ¡ Abro un ojo, debe ser madrugada, faltan algunas horas para que abra la civilización, cierro el ojo sin remordimientos. A unos pasos de aquí la tercera guerra mundial ha comenzado. ¡Papaaaaá… Inés me mordió!… Abro otro ojo. No hago nada. De un momento a otro la General de División despertará y con un solo grito calmará los ímpetus de los ejércitos. Así ha sido siempre desde que el mundo es mundo y no hay por qué romper la tradición. Diez minutos después las trincheras están ardiendo y no hay señal alguna del mando superior. ¡Qué pasa ¡Estiro el brazo y advierto vacío el espacio habitualmente ocupado. Tres segundos mientras adquiero conciencia del desastre. Hoy es domingo 7 y Blanca Estela no estará conmigo.

Me adelanto al juicio final… ¡Niñaaas…! Buenos días, buenos días, buenos días. Lávense las manos, qué quieren desayunar. Quesadilla dice una, huevo estrellado dice la otra. Leche fría y sola, leche caliente con chocolate. Empiezo con la quesadilla para calentar motores: en minuto y medio sale una obra de arte. Hoy es mi día de suerte. Un huevo me espera. Debe ser redondo y perfecto, sin que se rompa la yema, dice la desdichada. Desde luego se rompe. Bueno, pienso con filosofía, yo también quería huevo, revuelto por supuesto. El segundo intento me sale mejor pero al momento de servirlo se desparrama por todos lados: Ay, así no se lo comerá Inés. Guardo la mezcla para el gato. Dos huevos a cero y voy perdiendo. Me queda sólo uno. Suspiro y digo la única blasfemia que conozco en hebreo. Tal vez Jehová exista porque el tercer huevo se deja sojuzgar maravillosamente. Está impecable. Para estas alturas mi huevo está frío. ¿Hay algo más abominable que comérselo en tal estado? Pero ni modo de desperdiciarlo.

¿Se van a poner la ropa de ayer? Noooooooooooo. Inés me trae un vestido de manta, Sarai una de tablitas. Mientras se bañan plancho la ropa. Una niña quiere estrangular a la otra. Las tablitas dan un trabajo de miedo. Según yo ya están planchadas, aunque antes se veían mejor. Papaaaaaaaá…Ojalá que si se matan en el baño no me ensucien demasiado. Ellas han terminado de bañarse y en casa tenemos un nuevo Xochimilco, con trajineras y mariachis, y todo sería perfecto si las aguas no amenazaran inundar la sala. Recuerdo a Moisés y las siete plagas. ¿Cuál será la pena máxima por matar a un infante si uno demuestra que tuvo buenas razones para hacerlo? Al tiempo que se visten deseco lo anegado, lavo mis trastes, sorbo el café, la emprendo contra la cama, sorbo el café. Maternalmente soy un fiasco: colchas y sábanas siempre se ven arrugadas. Sorbo café. Inician de nuevo las hostilidades. ¿Cuántos años serán? ¿Cuarenta? ¿Hay fianza para esto?

Es hora de ir al tianguis. Odio el tianguis. Pero no quieren irse sin peinarse. No entiendo tanta delicadeza. Empiezo con Inés. El cráneo es el laberinto del Minotauro y no encuentro la salida. La raya de la cabeza se niega a salir derecha y la punta de los cabellos están como biznagas. Le exprimo cuatro limones. Su cabellera huele a ensalada, ensalada despeinada. Yo me peino solita, dice Sarai. Por eso la quiero tanto. Pues yo no voy así, dice Inés. Y como no son horas para coloquios, le encasqueto una boina. No le gusta y me hace un berrinche. Me vale.

Voy por la lista del mandado… No abras la puerta, le digo, no abras la puerta, NO ABRAS LA PUERTA… Abre la puerta ( su venganza por la boina), y Maia ( la perra) sale buscando marido. Quédense aquí, ahorita vuelvo. Dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete cuadras para alcanzarla. Ya me mordió la desgraciada. No quiere regresar y la comprendo, yo tampoco quiero hacerlo, al llegar las niñas están revolcándose en la tierra y la boina ha desaparecido. Debo tener ojos de loco porque nadie  reclama nada.

Veinte naranjas, doce limones, cinco tomates, ajos, cebollas. Las manos eligen mientras vigilo que Inés no se pierda, que Inés no se vaya, que Inés no se esconda, que Inés no se coma el mandado. Como quiera que sea Sarai se cuida sola. Media hora y la bandeja está llena. Tomo fila para pagar y por costumbre cuento: una, una, me falta una. ¿Y Sarai?, le pregunto a la hermana. Sepa. ¿No estaba contigo? No. ¿Papá, ya se perdió mi hermana? No, mijita ( no la veo preocupada). ¿Dios santo, adónde se fue? Y justo se me perdió la mejor portada ( Dios, qué estoy diciendo). Por favor me aparta mi lugar, no me tardo. Dejo la bandeja a un lado y recorro el parque de norte a este, de oeste a sur. En pocos segundos se me ocurren todos los desastres. ¿Y si la atropellaron…? ( No, por aquí no pasan autos), ¿y si la violaron… ? ( No creo, hay mucha gente) ¿Y si se la llevaron? ( Sí, eso sí es posible porque está muy bonita. Santo Cielo, se llevaron a mi hija) ¿y si nunca regresa… ? ¿Qué teléfono es el de la policía? ¿Cuál el de la cruz roja? ( ¿ Se llama a la cruz roja?) . De repente me acuerdo de su madre. Ahora sí me asusto. Su madre, ahora qué le digo a su madre cuando pregunte por ellas: ¿Y las niñas, una bien, ¿Y la otra? ¿La otra?, Se me perdió. El miedo me fortalece y vuelvo a recorrer en unos segundos todo el parque, de los chicharrones a las paletas, de los columpios a los helados. Está en los helados. Me dan ganas de pegarle pero me aguanto. Hay mucha gente y además se trauman. Regreso, nadie me reconoce en la fila y me han volado la bandeja. Veinte naranjas, doce limones, cinco tomates…

¿Quieren que les ponga una película? Siiiiiiiiiiiií. En las dos horas que me han dado guardo las cosas, barro, trapeo, corto, muelo, deja en paz a tu hermana, corto, muelo, abro, desato, niña no te comas eso, guiso, me corto, pongan la mesa, desmorono, rallo, muevo, pongan la mesa, lávense las manos, la comida está lista, lávense las manos, vamos a comer.

Señor, tú que das agua a los campos, tú que das tierra a las plantas, … Come por favor… Cómo sabes que no te gusta si no lo has probado, come por favor, de aquí no te levantarás hasta… ¡No tires la comida!, COMAN POR FAVOR…

Recojo la mesa, limpio los platos, guardo la comida, me tomo un café.

¿Juegas con nosotros papá? ¿A qué jugamos? A las barbies. En el reparto de los dones a mí me ha tocado una negra llena de rotundidades, descabezada, con un brazo seriamente dañado para siempre y con apenas uno o dos vestidos indecentes para salir. La negra me simpatiza, aunque sea una inútil. Tal vez por eso. Las dos niñas acaparan toda la ropa y a mì me dejan puras garras. Después de media hora de tener a tu mona encuerada uno quiere vestirla y sacarla de paseo, pero no encuentro con qué. El juego acaba pronto. De ahí pasamos al lego. Yo quería construir un castillo en donde pudiera vivir mi negra desnuda pero me ganaron todas las piezas nuevas. Con lo que me dejaron me alcanzó para levantar una tristísima escalera en donde pude sentar a la negra azabache a llorar sus amores perdidos. Finalmente jugamos a la comida, con platos, tazas y palomitas ( compradas en el súper) y la noche nos sorprendió cuando la botana se terminó.

Llegó la hora de la merienda ( ¡enfrijoladas para todos!). Es la hora de la planchada, de preparar las mochilas, el lunch para la escuela, la hora de dormir.

Papá, nos cuentas un cuento? Había una vez un papá maravilloso que tenía dos hermosas criaturas… ¿cómo nosotras?… sí, igual que ustedes… shshshsh.

Camino despacio, apago la luz, cierro la puerta, me tomo un café. Otro domingo ha terminado. Gracias al cielo sólo hay uno a la semana. Pobrecitos, son tan aburridos, nunca hay nada que hacer.