El Alto

Jack Delano

A las tres de la mañana el vampiro de la noche
ya ha dejado seco el último fruto de luz.
Todos los vapores que produce la mañana
se han templado en un aire peculiar:
Aroma de turbinas, cañería y chapopote;
de cigarros y fritangas y una tarde de humedad.
El esmog de noche no se siente si de día
te acostumbras a poderlo respirar.
Los autos corren libres y salvajes por su cuenta,
desencadenados de su enclaustro matinal.
Se pasan los semáforos en rojo y las señales
parecen que se hacen sólo para decorar.
Nos cuentan de sus penas en mecánicas maneras:
Un despido de trabajo en un fuerte rechinar;
un intrépido rebase de infidelidad nos habla
y de machismo un cambio brusco de velocidad.
En un alto del Distrito Federal…
Noche, donde todo puede pasar.
El coche del gordo al fin para en un alto.
“¿Y ahora qué?”, le pregunto yo intrigado.
“Es la primera vez en la noche que te veo respetar la ley”.
“¿Ley?”, dice. “¿Cuál ley?”
Un auto rojo se para junto al nuestro.
Los dos se miran y se hacen de palabras.
De pronto sale un cañón por la ventana y… ¡BAM!
Nos pasa cerca la bala.
Vuelvo la cabeza y noto que en el carro rojo,
apuntando jubiloso ríe un diablo con disfraz.
viene acariciado por dos gárgolas chillonas
y conduce un jorobado que se acaba de arrancar.
“¡Hijos del demonio!,” mi amigo el gordo grita
y su auto los persigue loco y fuera de si.
“¿Quieres que nos maten? Espérate”, le digo,
“es mejor dejarlo todo así”.
Se paran a lo lejos en un alto transitado.
Algo se me sube desde abajo hasta aquí.
Le lanzo invocaciones a todo lo que sea verde
y antes de llegar al alto miro ¡el verde al fin!
De repente una patrulla a mitad de una glorieta,
parece estar dispuesta la ocasión salvar.
Tallándose los ojos los que ahí duermen adentro
nos escuchan prometiendo que ahí están para ayudar.
En un alto del Distrito Federal.
Noche, donde todo puede pasar.
No hemos ni arrancado y la patrulla ya se ha ido.
Quedamos engañados por la amable autoridad.
Mientras tanto los demonios, se han perdido en las tinieblas
y el gordo ya no sabe que camino tomar.
Nuestro auto viene herido y dejado sin justicia.
Ya mañana va a volver a la refriega popular.
Hoy trata de olvidarlo todo yendo en la avenida,
al amparo de una ley…
muy mexicana y peculiar.

JCPozo