¿Cómo sé que no soy uno de ésos?, JCPozo

Gianpiero Faedda

¿Usted cree que estoy loco…? No; yo le podría asegurar que no lo estoy, pero no lo hago. ¿Para qué? ¿Para darle ocasión a exclamar, como todos los que lo oyeran: “¡Bah!, como todos…, ¡creyéndose cuerdo! ¡La eterna canción!”? No, amigo mío; no puedo, no, no quiero proporcionarle esa satisfacción… Es demasiado cómodo venir de visita y sacar la consecuencia de que todos los locos aseguran que no lo están… Yo no lo estoy, se lo podría asegurar, repito, pero no lo hago; quiero dejarle con su duda. ¡Quién sabe si mi postura puede inclinarle a usted a creer en mi perfecta salud mental!

Don Guillermo no estaba loco. Estaba encerrado en un manicomio, pero yo pondría una mano en el fuego por su cordura. No estaba loco, pero -bien mirado- no le hubiera faltado motivo para estarlo… ¿Qué tiene que ver que se haya creído, durante una época de su vida, Rabindranath? ¿Es que no andan muchos Rabindranath, y muchos Nelson, y muchos Goethe, y muchísimos Napoleones sueltos por la calle? A don Guillermo lo metió la ciencia en el sanatorio…, esa ciencia que interpreta los sueños, que dice que el hombre normal no existe, que llama nosocomios a las casas de orates…; esa ciencia abstraída, que huye de lo humano, que no se explica que un hombre pueda aburrirse de ser durante cincuenta años seguidos el mismo y se le ocurra de pronto variar y sentirse otro hombre, un hombre diferente y aun opuesto, con barba donde no la había, con otras lentes y otro acento, y otra vestimenta, y hasta otras ideas, si fuera preciso…  Camilo Jose Cela

¿Cómo sé que no soy uno de ésos?

En la primavera, un barco se desvela,

remando en las praderas de un castillo singular.

Son sus tripulantes, del mundo, los restantes:

rebeldes de la normalidad.

Todos sin camisa y muertos de la risa

buscan lagartijas en los charcos de metal.

Pan de cada día, zafarse sin medida,

ovejas sin pastor, sin guardián.

Locos sin salida, remedio para sus vidas,

fantasmas de un arcón familiar.

Aman su fortuna de andar sobre la luna

de donde bajan solamente para llorar.

Todos de la mano, curas y soldados

aquí no hay adversarios ni ganas de pelear.

No lo condenamos tampoco lo juzgamos

puede vivir con tranquilidad.

Hubo un abogado, de blanco almidonado.

Aquel catrín no quiso bailar.

Más cuando el pirata, rompía la piñata

fue el primero que se quiso aventar.

Todos de la mano, curas y soldados

aquí no hay adversarios ni ganas de pelear.

No lo condenamos tampoco lo juzgamos

puede vivir con tranquilidad.

Cómo sé que no soy uno de ésos, que le saca la vuelta a la vida.

Cómo sé que no soy uno de ésos, que no le sangra una herida

Cómo sé que no soy uno de ésos, que se divide para ser aprobado

Cómo sé que no soy uno de ésos, que trae el amor mutilado.

Cómo sé que no soy uno de ésos, que repara al brillar de un machete.

Cómo sé que no soy uno de ésos, que al débil lo empuja de frente.

Cómo sé que no soy uno de ésos, que inventa sus propias medidas.

Cómo sé que no soy uno de ésos, que sólo anda de paso en la vida.