Soledad del ave viajera, JCPozo

Octavianus Darmawan

La sabiduría de la soledad es grande, no para de darnos sueños.

Una ave solitaria cruzaba el cielo
buscando ansiosamente a su enamorada.
Ese día había llegado desde muy lejos
y cuando fue a verla al nido ya no había nada.

El no saber que pasó loco lo tenía;
daría la vuelta al mundo hasta dar con ella.
Y moriría en el vuelo, bien lo sabía,
si no llegaba el día en que volviera a verla…

Un gran colector de aves fue quien la descubrió.
Ella era la pieza exacta que le faltaba.
Le puso mirar de vidrio y un corazón de algodón
para evitar que el tiempo se la dañara.

Y vuela que vuela, un día el ave por fin la halló
tras una tragaluz de un caserón de piedra.
Ya no detuvo el vuelo y el ventanal estalló,
se sacudió los vidrios y entró por ella.

El golpe cimbró la casa y levantó al colector
que ya iba con su arma dispuesto a salvar su pieza.
Tiraba y tiraba y nada, por toda su colección
y desesperado vio al ave salir con ella.

Vuela que vuela y vuela, el ave subió y subió
llevando a su amada arriba de la montaña.
Esa noche de nieve los cobijó a los dos
y los fundió en la niebla de la mañana…

…El ave solitaria por fin despertó,
pues le espantó el mal sueño un remolino.
Un alivio muy dulce de amor lo invadió
al llegar y mirarla ahí en el nido.


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