Amar no es un acto inocente, Sarainés Kasdan

Jan Saudek

Amar no es un acto inocente… En 1599 fue condenada a morir en la hoguera una mujer llamada Antide Collias debido a su descomunal apetito sexual, afición que le venía por la influencia de un vampiro, quien la cubría innumerables veces todas las noches.

Antide Collias nunca lo supo pero el demonio que la atacó fue un espíritu creado por la mano del hombre, ajeno a los enemigos de dios.

Ciertos vampiros, a decir de Paracelso, se forman del semen corrompido del varón cuando imagina copular con una mujer ideal, durante el acto de la masturbación.

De este acto nace la evacuación de un fluido etéreo, incapaz de generar una criatura pero sí de engendrar demonios.

La intensidad de la imagen determina la naturaleza del aparecido; a veces es tenue como un tibio cosquilleo, a veces una opresión en el pecho, una corriente de aire húmeda, a veces una sombra blanca, animal, aguda. Si el deseo es furioso, se vuelve carne y hueso y fecunda en la mujer héroes o villanos y se torna eterno.

Solitarios, elementales por representar el origen de los tiempos, cuando en el paraíso sólo era sexo, los conjurados permiten que las oscuras visiones de los deseos obscenos tomen forma y estatura, comparten el éxtasis del hombre por vencer a la distancia y seducir a la mujer soñada; encarnan el sueño húmedo y distante y lo rescatan del crepúsculo, del descenso, glorifican a su creador haciendo realidad lo que parecía imposible: despertar en ella sentimientos recíprocos: Los mismos deseos en las mismas tardes solitarias, las mismas angustias por el amor perdido, el mismo delirio pánico de una distancia invencible, ingobernable.

Ajenos a la gloria o al infierno por no tener alma divina, no pueden corromperse ni reformarse, por lo que desaparecen en silencio, sin gracia ni pecado, una vez cumplida la misión para la que fueron creados.

Sólo pueden gozarlo o padecerlo aquellas mujeres que por su naturaleza hayan despertado pasiones imposibles, amores intratables, deseos insatisfechos, nostalgias imborrables; es decir, la víctima nunca es del todo inocente.