Recetas para el despecho amoroso, Sarainés Kasdan

David Hamilton

Los romanos condenados por el despecho amoroso a contemplar los contentos ajenos sin satisfacer los propios, podían elegir entre tres alternativas para compensar el desastre: recurrir a los filtros del amor y recuperar al amor perdido, o visitar la fuente del olvido o recurrir a las artes de Locusta, la envenenadora.
Entre los adictos al primer grupo, el brebaje más frecuentado era el oro potable. Recomendaba el maese:
– Tómense flores de borraja, buglosa y melisa cuando el Sol está en el signo de Leo. Hiérvanse las flores juntamente con azúcar blanca disuelta en agua de rosas; por cada onza del cocimiento agréguense tres hojas de oro. Ha de tomárselo con el estómago vacío, en pequeña cantidad de vino de color dorado.
La receta es infaliblemente afrodisíaca. Pero naturalmente cara.
Otra alternativa era bañarse en la fuente de Claron o tomarse antes de cada comida una cucharada de Kipri, brebaje compuesto por dieciséis diferentes ingredientes.
Una semana después de tomado el remedio el enfermo salía como del vientre de su madre: mentalmente desnudo y listo para una aventura nueva.
Para los que preferían venganza, el vino de Cales, envenenado con los pulmones de la rana Rubeta, era insuperable. Quien se lo tomaba no volvía amar en esta ni en la otra vida.
En esta parte del mundo, nos conformamos con una cuarta alternativa, menos costosa, más modesta, menos dramática seguramente pero igualmente efectiva: Aquella que dice: un clavo saca otro clavo…