Un caso de intervención demoniaca, Sarainés Kasdan

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En el año ciento decimotercero olímpico (328 AC) una epidemia asoló a los hombres casados de Roma.
Todos presentaban los mismos síntomas, el mismo rictus, la misma rigidez en las facciones. La muerte no hacía distinciones: cónsules, pretores, senadores, patricios, viejos, jóvenes, libertos y esclavos.

Los médicos estaban totalmente desorientados.

Una esclava le confió el misterio a Fabio, jefe de policía de Roma

– La enfermedad de los hombres es causada por el consumo de una hierba llamada sardonia, suministrada a los hombres por sus esposas.

– ¿Por qué, para qué?, pregunta Fabio.

– Por locura, por remordimiento, por una vida miserable, por un amor recién despierto. Quién sabe.

En una batida la policía sorprendió a veinte mujeres que preparaban el menjurje en las cocinas de sus casas. Las mujeres se declararon inocentes, alegando que las drogas decomisadas eran para curar dolencias lunares.

El magistrado ordenó a dos de ellas que probaran sus medicinas para demostrar su inocencia. Las infortunadas murieron en el acto.

Fueron arrestadas ciento setenta mujeres y puestas a disposición de las autoridades.

El Senado se declaró incompetente y turnó el caso al Colegio teocrático de los Pontífices.

Dos días después dictaminó: – El homicidio se debió, sin duda, por un prodigio divino o una intervención demoníaca, ya que es inconcebible que seres dotados de razón y en su sano juicio perpetren tales crímenes, por lo que el caso no puede juzgarse como un delito criminal sino como una desafortunada coincidencia, ajena al albedrío humano.

Y las mujeres fueron absueltas.