Alas marinas, Libia Brenda Castro

Edward Armitage

1. Mito

Ícaro vuela. La sirena eleva su canto al cielo y lo hechiza. Ícaro le pide al sol que lo libere de su atadura de cera y plumas. Cae. Ahora vive libre en el fondo del mar con su amor, su sirena voladora.

2. Envidia

Dédalo siente celos de Ícaro. No tiene una sirena que lo arrulle en medio de una corriente tibia de sal, se construye una mujer de cera y le pone alas. “No te acerques al sol cuando vueles ángel mío” , le dice, y la mujer sonríe una sonrisa de cera y se eleva en el aire a la media noche. Pero nadie obedece a Dédalo y el amanecer la derrite. Dédalo llora plumas verdes por la pérdida de su familia. Se va al mar, a cazar sirenas con una red de plata.

3. Indiferencia

Dédalo construye una máquina del tiempo. Regresa al día en que empezaría a pegar las alas de Ícaro, en vez de eso lo encierra en el laberinto para que no se escape, no se vaya, no se caiga al mar. Ícaro suplica que lo dejen ver el sol. Dédalo ignora las súplicas y se dedica a asar pescado para la hora de la comida.

4. Ícaro kistch

Ícaro y la sirena voladora tienen un hijo “justo al año de casados”, Ícaro es acusado en la corte de los tiburones de comerse a su propio hijo. Lo niega todo, desconcertado. Llega la sirena arrastrando una figura en cadenas, “no es él quien se comió a nuestro hijo”, dice alterada. La figura encadenada levanta la cara, es Dédalo; él es quien se almorzó a su propio nieto. “Sabía como a pescado”, alcanza a decir su cabeza antes de que lo decapiten.

5. Muñeca inflable

Dédalo se construye una mujer de cera y plumas, no le pone alas, sólo un agujero en la entrepierna. En las noches, cuando más sólo se siente, se masturba en medio de plumas y caricias de cera. los jadeos de Dédalo llegan hasta el fondo del mar, donde Ícaro llora solidariamente la soledad de su padre. La sirena entona una canto inútil de consuelo, que no llega a los oídos de nadie.