Estremecida memoria, Elena Santiago


1Palpitante momento aquel de salir andando del cementerio de los judíos en Praga. Pesaban sus pasos como si llevara el mundo en ellos y supo que nadie que cruzara la puerta de entrada consolaría la emoción y el estremecimiento ante el horror de sus tumbas ocultando miles de judíos. Nadie, ya, podría abandonar aquel silencio, dejarlo atrás. Se abría intenso y se hacía temblor por minutos. En ninguna otra parte del mundo permanecía tan entero. Ni el leve viento rozaba la imagen clavada en la tierra. Ni el ruido de la hoja de muerte de un cuchillo asesinando la palabra Humanidad. Derramada la memoria por la tierra hasta caer enterrada y, sin embargo, viva en todas las conciencias.

Profundamente de rodillas ante las sencillas lápidas, se pide perdón por estar vivo. Por esta mirada abarcando este bosque de tumbas.

Lo cierto es que sólo existe quedarse en el escalofrío, y quedarse a morir con ellos.

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