Sirenas, Bestiario Medieval

SIRENAS

 

El moralista enseña que las sirenas son crueles; que viven en el mar, que los acentos de sus voces son melodiosos, y que los viajeros quedan prendados de ellas hasta el punto de precipitarse en el mar, donde se pierden. El cuerpo de estas encantadoras es el de una mujer, hasta los senos; el resto recuerda al pájaro, al asno o al toro (Phisiologus, siglo V).

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Así, los seres humanos ignorantes e incautos se ven engañados por las hermosas voces, cuando los encantan las faltas de delicadeza, los rasgos de ostentación, o los placeres, o cuando se vuelven licenciosos… Pierden todo su vigor mental, como si estuviesen sumidos en un profundo sueño, y, de pronto, el ataque arrebatador del enemigo cae sobre ellos (Bestiario de Cambridge, 134-135).

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Las sirenas son doncellas marinas, que seducen a los navegantes con su espléndida figura y con la dulzura de su canto. Desde la cabeza hasta el ombligo tienen cuerpo femenino y son idénticas al género humano, pero tienen las colas escamosas de los peces, con las que siempre se mueven por las profundidades (Liber monstruorum diversis generibus, siglo VI, 42-43).

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Hay tres clases de sirenas: dos de ellas son mitad mujer y mitad pez, y la otra, mitad mujer y mitad ave (Pierre de Beauvais, Bestiario, 1206, 172-173).

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Lo cierto es que las sirenas fueron tres meretrices que engañaban a todos los que se cruzaban en su camino y los arruinaban. Y dice la historia que tenían alas y garras en representación de Amor, que vuela y hiere; y que vivían en el agua, porque la lujuria está hecha de humedad (Brunetto Latini, Livre du Tresor, 1220, 131-132).

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Hay otros peces que tienen trenzas y cuerpo de doncella hasta el ombligo, y por debajo del ombligo de pez, y alas de pájaro. Su canto es hermoso y dulce, que es un prodigio el oírlo; y los llaman sirenas. Unos dicen que son peces; otros, que son aves que vuelan por el mar (Goussouin, Image du monde, 1250, 126-127).

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La sirena es una criatura prodigiosa…

La que tiene forma de pez y de mujer tiene un aspecto tan dulce, que todo hombre que la oiga cantar se acuesta de buen grado para escucharla…Podemos comparar a estas sirenas con las mujeres que tienen buena palabrería, que engañan a los hombres haciendo que se enamoren de ellas

(Bestiario Catalán, manuscrito A, siglo XV, 79-80).

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La sirena es una criatura prodigiosa; las hay de tres naturalezas: una es medio pez y medio mujer, otra es medio ave y medio mujer, otra medio caballo y medio mujer. La que tiene forma de pez y de mujer, tiene un aspecto tan dulce, que todo hombre que la oiga cantar se acuesta de buen grado para escucharla, y tanto le agrada su canto, que se duerme; y cuando ve la sirena que el ~ombre se ha dormido, se arroja sobre él y lo mata. Y la ue es medio ave y medio mujer, produce tan dulce sonido e arpa, que el hombre va a oírla con mucho agrado, hasta 1,1 punto de que se duerme; y también esta sirena va a matarlo. Y la que es mitad caballo y mitad mujer, produce un son de trompa tan agradable, que todos los hombres van a oírla con gusto; y cuando el hombre está dormido, debido a la melodiosidad de la trompa, esta sirena lo mata también

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De ahí que debamos entender, por las sirenas, los placeres mundanos y las diferentes vanidades, que cantan tan dulcemente, que por su suavidad se duermen muchos hombres sensuales. Pero los navegantes cautos y prudentes, que no quieren oír las voces de las sirenas, se tapan los oídos con cera, es decir, con palabras santísimas y honestas, con buenas acciones y con virtud (Libellus de natura animalium, siglos XIV-XV, 313-314).

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Dijo Isaías: «Que las sirenas construyan su morada, que los demonios brinquen; que den a luz los puercoespines».

El moralista enseña que las sirenas son crueles; que viven en el mar, que los acentos de sus voces son melodiosos y que los viajeros quedan prendados de ellas hasta el punto de precipitarse en el mar, donde se pierden. El cuerpo de estas encantadoras es el de una mujer, hasta los senos; el resto recuerda al pájaro, al asno o al toro.

Semejantes son aquellos que tienen dos modos de actuar, los inconstantes. Hay gentes que frecuentan las iglesias sin alejarse del pecado. Tienen la apariencia de la rectitud, pero están muy lejos de lo que parecen ser. Cuando entran en la iglesia, parecen cantantes; después, mezclados con la multitud, se parecen a brutos. Esta especie de gentes participan de las naturalezas del dragón y de la sirena; tienen el poder seductor de los heresiarcas, que arrebatan el corazón de los inocentes y de los débiles. Dijo Isaías: «Las palabras peligrosas dañan a la naturaleza débil».

Phys. armenio, 126-127

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Las sirenas son doncellas marinas, que seducen a los navegantes con su espléndida figura y con la dulzura de su canto. Desde la cabeza hasta el ombligo, tienen cuerpo femenino, y son idénticas al género humano; pero tienen las colas escamosas de los peces, con las que siempre se mueven en las profundidades. Liber, 42-43[35]8

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La sirena vive en el mar, canta contra la tormenta y llora si hace buen tiempo, pues tal es su naturaleza; tiene forma de mujer hasta la cintura, pies de halcón y cola de pez. Cuando quiere divertirse, canta en voz alta y clara; si la oye el marinero que navega por la mar, olvida su nave y se duerme al instante. Recordadlo: ésta es la significación. Las sirenas son las riquezas del mundo; la mar representa este mundo; la nave, las gentes que hay en él; el alma es el marinero, y la nave, el cuerpo que debe navegar. Sabed que muchas veces las riquezas del mundo hacen pecar al alma y al cuerpo, es decir, a la nave y al marinero; hacen que el alma se duerma en el pecado, y además perezca. Las riquezas del mundo producen grandes prodigios: hablan y vuelan, agarran de los pies y ahogan. Por eso representamos así a las sirenas; el hombre rico habla, su reputación vuela, y oprime y ahoga al pobre cuando lo engaña.

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La sirena es de tal naturaleza que canta cuando hay tempestad; esto hace la riqueza en el mundo, cuando confunde al hombre rico: cantar en la tormenta. El hombre se ahorca por ella y se suicida entre tormentos. La sirena, con buen tiempo, llora y se lamenta sin cesar: cuando el hombre da riquezas y las desprecia por Dios, ése es un buen momento, y la riqueza llora. Sabed que eso significa la riqueza en esta vida.

(Philippe de Thaün, Bestiario, 1121-1152, 1361-1414).

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La sirena vive en el mar, canta contra la tormenta y llora si hace buen tiempo, pues tal es su naturaleza; tiene forma de mujer hasta la cintura, pies de halcón y cola de pez. Cuando quiere divertirse, canta en voz alta y clara; si la oye el marinero que navega por la mar, olvida su nave y se duerme al instante.

Recordadlo: ésta es la significación. Las sirenas son las riquezas del mundo; la mar representa este mundo; la nave las gentes que hay en él; el alma es el marinero, y la nave, el cuerpo que debe navegar. Sabed que muchas veces las riquezas del mundo hacen pecar al alma ya al cuerpo, es decir, a la nave y al marinero; hacen que el alma se duerma en el pecado y además perezca. Las riquezas del mundo hacen grandes prodigios: hablan y vuelan, agarran de los pies y ahogan…

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Existen en Arabia serpientes aladas llamadas sirenas, que corren más que los caballos y, según se dice, también vuelan. Su veneno es tan fuerte que la muerte sobreviene antes de que se sienta la mordedura.

De Bestiis, 244

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Las sirenas, dice el Fisiólogo, son unas criaturas mortíferas constituidas como seres humanos desde la cabeza hasta el ombligo, mientras que su parte inferior, hasta los pies, es alada. Melodiosamente, interpretan cantos que resultan deliciosos; así, encantan los oídos de los marinos, y los atraen. Excitan el

oído de estos pobres diablos merced a la prodigiosa dulzura de su ritmo, y hacen que se duerman. Por último, cuando ven que los marinos están profundamente dormidos, se arrojan sobre ellos y los despedazan.

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Así, los seres humanos ignorantes e incautos se ven engañados por las hermosas voces, cuando los encantan las faltas de delicadeza, los rasgos de ostentación o los placeres, o cuando se vuelven licenciosos debido a comedias, tragedias y cancioncillas diversas. Pierden todo su vigor mental, como si estuviesen sumidos en profundo sueño, y, de pronto, el ataque arrebatador del Enemigo cae sobre ellos.

Cambridge, 134-135

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Hay tres clases de sirenas: dos de ellas son mitad mujer y mitad pez, y la otra, mitad mujer y mitad ave. Y las tres cantan, una con trompeta, otra con arpa y la tercera solamente con su voz.

PB: Cahier II, 172-173

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La sirena, que canta tan bien que embruja a los hombres con su voz, da ejemplo para que se enmienden aquellos que han de navegar por este mundo. Nosotros, que cruzamos este mundo, somos engañados por un canto similar: por la gloria, por los placeres de este mundo, que nos dan la muerte, cuando amamos el placer: la lujuria, el bienestar del cuerpo, la gula y la embriaguez, el deleite del lecho y la riqueza, los palafrenes, los hermosos caballos y la hermosura de los tejidos suntuosos. Siempre tendemos hacia ellos, nos corre prisa alcanzarlos. Tanto nos demoramos en los placeres que por fuerza nos dormimos. Entonces nos mata la sirena: es el Demonio, que nos lleva al mal, que nos hace sumergirnos tan hondo en los vicios que nos encierra en sus redes. Entonces nos ataca, se precipita sobre nosotros, nos da muerte, nos atraviesa el corazón, tal y como obran las sirenas con los navegantes que cruzan la mar. Pero hay más de un marino que sabe guardarse de ellas, y vigilar; mientras surca el océano, suele taparse los oídos para no escuchar el canto engañoso. Igualmente ha de comportarse el hombre prudente que pasa por este mundo: debe conservarse casto y puro, y taparse las orejas, para no oír pronunciar cosa alguna que pueda llevarle al pecado. Y así se defienden muchos: cuidan de que sus oídos y sus ojos no puedan oír ni contemplar los placeres y las vanidades que a muchos encantan.

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Hay otros peces [en la India] que tienen trenzas y cuerpo de doncella hasta el ombligo, y por debajo del ombligo, de pez, y alas de pájaro. Su canto es tan hermoso y dulce que es un prodigio el oírlo; y los llaman sirenas. Unos dicen que son peces; otros, que son aves que vuelan por el mar.

Image, 126-127

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lo cierto es que las sirenas fueron tres meretrices que engañaban a todos los que se cruzaban en su camino y los arruinaban. Y dice la historia que tenían alas y garras en representación de Amor, que vuela y hiere; y que vivían en el agua, porque la lujuria está hecha de humedad. Brunetto, 131-132 (I:136)

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El canto era tan dulce y bello / que no parecía canto de ave; / sino que se le pudiera comparar / con el canto de la sirena de mar. / Por su voz, que tienen sana / y serena, llaman a éstas «sirenas».

R. Rose, I, VV. 667-672

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De ahí que debamos entender, por las sirenas, los placeres mundanos y las diferentes vanidades, que cantan tan dulcemente que por su suavidad se duermen muchos hombres sensuales. Pero los navegantes cautos y prudentes, que no quieren oír las voces de las sirenas, se tapan los

oídos con cera, es decir, con palabras santísimas y honestas, con buenas acciones y con virtud.

(Libellus de natura animalium, siglos XIV-XV, 313-314)

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De hecho, los hombres vencidos por las voces de las sirenas pierden la luz de su inteligencia y, privados del propio auxilio de su razón, se hunden en el abismo más amargo y en el hedor, tal como dijo Boecio: «En qué profundo abismo, ¡ay!, languidece sumergido el espíritu y, perdida su luz propia, se esfuerza por ir a las tinieblas exteriores».

(Libellus de natura animalium, siglos XIV-XV, 313-314)


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