El desertor, Sarainés Kasdan


L_8-1150573c-076fUn día le acometió la fatiga, el apego por el tedio, la desesperación. Abandonó un trabajo privilegiado y memorable, destituyó lo que consideraba valioso, dilapidó sus talentos, se hizo odiar de sus amigos, traicionó a su familia. Abandonó un país de riquezas y viajó a lugares inhóspitos y desarraigados, se convirtió en un proscrito, en un solitario, practicó con un ejército de infieles la infamia y la delación, corrompió a los sedientos de blasfemia, por elección se perdió. En la herejía olvidó a sus hermanos, renunció a la tierra que lo vio nacer; calumniado hasta las heces, eterno condenado, convicto, enfermo de cólera, ignorado en una gangrena de sombras, Dios le pregunta:
– ¿Para qué vives así?
– Para que el hombre se salve, responde Luzbel, para que el hombre se salve.