LA SAL DEL HOGAR, EUGENIO MANDRINI

Digital CaptureVio la sirena en la playa, semiasfixiada por falta de agua, y la llevó a su casa, llenó la bañera, la introdujo suavemente y le hizo compañía.

A su mujer no le pareció extraño verlo ahogado: había sido tan adicto a los baños de inmersión, y éstos eran tan traicioneros, que tarde o temprano tenía que suceder.

Lo extraño era ese profundo aroma a mar que inundaba toda la casa.