El Malo, JCPozo

512855595463552El pueblo se va acercando al final del camino.
Las voces que trae el viento son una ilusión.
El punto en el horizonte es de tres caminantes.
La madre es quien va cargando la pena mayor.

Y es que de donde ellos vienen, les cayó una maldición:
al nacer su primer hijo, la lechuza cantó;
y dicen que fue el diablo y no un niño, el que ahí nació.

Desde ese día todos le dicen “el malo”.
Ni el cura le da esperanzas de redención.
Su madre sólo se le acerca si no la ve nadie;
no sea que crean que es tan mala como su hijo mayor.

Y cuando lo abraza a solas, también ella duda de él,
el único que le sonríe es su hermanito Abel,
a quien quiere más que a su vida, misma que daría por él.
El malo cumplía ocho años cuando cuidaba a su hermano.
Con el machete en la mano, para la leña y carbón.
Llegaron los niños buenos con sus resorteras.
Gritaban: “¡Ahí está el malo!” “¡Vamos!”“¡Denle a los dos!”

Y por cubrir a su hermanito de tanta piedra que les llovió,
sin querer lo tumbó al suelo y sobre el machete lo hundió.
Abel murió sonriéndole al “malo”, cuando su juego terminó.

Los niños buenos gritaron: “¡Es un asesino!”
“¡El malo mató a su hermano sin compasión!”
Las buenas gentes del pueblo prendieron fuego a su casa,
seguros que así acabarían con la maldición.

Y es hasta aquí que han llegado, acaso en este otro pueblo hallen salvación. Las voces que trae el viento no saben lo que allá les pasó
y el “malo” quizás para ellas, no sea más que una canción.

¡Ahí viene el malo!
¡Escóndanse!
¡Mató a su hermano!
¡Qué malo es!