El ángel y el vampiro, Leopoldo Alas

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Pasé la vida entre vampiros y ángeles
libando con paciencia los unos mi energía
los otros trasvolando mis días más sentidos.

Todos los trances de luz fueron suyos:
al ángel los del cuerpo, los del alma al vampiro.

Al sol como en la sombra estuve ciego
y en el tránsito hacia el cenit, perdido.

Confundí las alas blancas con las capas negras.

Gusté, besando al ángel, los labios del vampiro.

Siempre acudí a la cita con lo eterno.

Cada vez que llamó, me encontraba.

Unas veces hermoso y otras veces oscuro,
el timbre de su voz me subyugaba,
la miel de su sonrisa me encendía,
y bailábamos juntos, el ángel o el vampiro
y yo que nunca supe muy bien con quién bailaba.