Vida de la araña real, Henry Michaux

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La araña real destruye su ambiente por digestión. ¿Y cuál digestión se preocupa por la historia y las relaciones personales del digerido? ¿Qué digestión pretende consignar todo esto por escrito?

La digestión obtiene virtudes que el mismo digerido ignoraba, y de tal modo esenciales, que sus restos son pura pestilencia. Huellas de corrupción ipso facto ocultadas bajo la tierra.

Por regla general, se aproxima como amiga. No es más que dulzura y tierno deseo de comunicación. Pero tan implacable es su ardor, y su boca inmensa desea tanto auscultar el pecho del prójimo (y su lengua siempre tan inquieta y tan ávida) que finalmente acaba por tragárselo todo.

¡Cuántos forasteros han sido ya devorados!

Sin embargo, la araña se desespera cuando sus brazos no encuentran nada por estrechar. Va pues en busca de una nueva víctima. Aquella que mientras más se debate, más exaspera su afán de conocimiento. Poco a poco la introduce en sí misma, y la coteja con todo lo que en ella puede haber de más importante y valioso. Y nadie podría dudar de que esta confrontación aporta una luz definitiva.

Aunque el confrontado se abisme en una naturaleza de movilidad infinita y la unión se consume a ciegas.