Salmo, Paul Celan

10006215_566122643499917_4100480622960913390_nNadie nos amasa nuevamente de tierra y barro,

nadie bendice nuestro polvo.

Nadie.

Loado seas, Nadie.

Por agradarte queremos

florecer.

A tu

encuentro.

Una nada

éramos, somos,

permaneceremos, floreciendo:

la rosa-nada, la

rosa-nadie.

Con

el pistilo de alma luminosa,

el estambre de cielo yermo,

la roja corona

de la palabra purpúrea que cantábamos

encima, oh encima

de la espina.