El leñador norteamericano, Charles Maurice de Talleyrand

87 (72)El leñador norteamericano no se interesa por nada. Cualquier idea sensible le resulta remota. Esas ramas tan elegantemente arrojadas por la naturaleza, un buen follaje, un color vívido que anima una parte del bosque, un verde más fuerte que oscurece otra, todo esto es nada. Carece de recuerdos y hasta de lugar donde colocarlos. Su única idea es la cantidad de hachazos suficientes para derribar un árbol. Él no ha plantado; no conoce esos placeres. El árbol que podría plantar no sirve de nada para él, porque jamás lo verá suficientemente crecido como para poderlo derribar, y destruir es lo que le hace vivir. Se destruye en todas partes; por ello cualquier lugar le conviene. El no ama el campo donde ha depositado su trabajo, porque su trabajo sólo es esfuerzo y no se mezcla con ninguna idea de dulzura. Lo que sale de sus manos no pasa por todas esas fases del crecimiento que tanto enternecen al agricultor. El no sigue el destino de sus productos. Y si bien, al irse, no olvida su hacha, no deposita nostalgias allí donde ha vivido durante años

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