El mundo habitado por sustitutos, Roberto Calasso

image001El sacrificio ofrece una forma canónica y repetible a un par de gestos: el dar y el tomar. Todos los significados de esos gestos, sin los cuales no existe comunicación y por tanto sociedad, están contenidos en el sacrificio. ¿Y qué podría existir sin la simultaneidad de esos gestos? La supervivencia, si pudiera ser únicamente un tomar. Pero aquí aparece la conexión primordial: no se admite que exista un tomar sin un dar, porque está prometido que todo llevará también a un tomar. Lo lejano que impera sobre lo próximo, lo mediato sobre lo inmediato son el presupuesto de cualquier cultura. Quien toma y no da destruye algo que tal vez ya no volverá jamás. Quien mata el ciervo en la cacería tal vez no lo verá aparecer nunca más. Quien recoge los frutos de la tierra tal vez no volverá a verlos crecer jamás. El primer pacto, el primer dar-tomar, es con la naturaleza, con el animal, con la planta -y, detrás de ellos, con las fuerzas que manifiestan-. Lo que se nos ofrece para ser tomado exige ser dado a quien nos lo ha ofrecido: la aceptación de este nexo sustenta la vida sacrificatoria, la aptitud ceremonial hacia la existencia. El pathos de este gesto está en el reconocimiento de que en el centro de todo dar-tomar hay una muerte. Lo que nosotros tomamos de nosotros está muerto, arrancado. Lo que nosotros damos no puede ser menos, implicaría, por tanto, que nosotros mismos nos matáramos. Pero esto interrumpiría la circulación de los intercambios. Y aquí aparece la gran astucia sacrificatoria: la sustitución. Sacrificando algo que está en lugar de otra cosa se pone en marcha la máquina misma del lenguaje y el álgebra, la digitalidad conquistadora. El engaño mediante el cual puede ser degollado en un altar un sustituto y no la cosa misma provoca un desmesurado incremento de fuerza, tan grande que en su expansión borrará de la totalidad de la conciencia la necesidad del dar sacrificatorio. El puro intercambio, que sistematiza la sustitución, borra poco a poco la unicidad, recuerdo de la víctima primordial. El mundo, al final, sólo sera habitado por sustitutos, y por tanto por víctimas que no saben que lo son porque el insustituible sacerdote que levanta la espada sobre ellos no tiene forma ni nombre

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