Los niños de Japón, Alejandra Correa

EFE

A pesar de que la primavera había llegado con sigilosos pasos de leopardo, el invierno aún lo envolvía como si fuera una jaula, impidiéndole el paso tozudamente. Bajo la luz de las estrellas aún brillaba el hielo.

Confesiones de una máscara, Yukio Mishima

I.

Teme la oscuridad

sin un niño

dormido

II.

Los negros troncos de los cerezos

florecen a mis espaldas

soy ciego a la belleza de este mundo

sé que el invierno enjaulará

a la primavera

y sus pasos de leopardo

III.

Si he muerto cuando niño

si a mi cuerpo le cosieron una escena

en la que habitaron como ofrendas

mis juguetes más dilectos

¿Cómo es que mi rostro

envejece en este espejo?

IV.

En japón

los niños son el abismo

en cuyo vértice

la isla entera

está en pie

V.

Hijos

de hijos

de hijos

es la tierra

un vasto desierto

de padres

VI.

La luz de las estrellas

aun brilla en el hielo

un río de niños transparente

como cristales

se parte

y la sangre

nos moja los pies

cada mañana

VII.

Volaré esta noche sobre mi pueblo

en busca de indicios o señales

como lo hice entonces

cabalgando corrientes

de aire tibio y sin nudos

seré la brisa blanca

piel de garza

en la última lluvia

en ese tejido inocente

de nabos y de orquídeas

lanzaré sortilegios

sobre invisibles destinos

escritos en la nada

para volver atrás

las horas y las muertes

hasta que tus brazos

me acunen para siempre

sin tortura

VIII.

Larga espera

de los días

y los ojos

en la luz que cambia

y después

años después

darme cuenta de que salí

pero me llevé conmigo

IX.

Ahora lo sé:

cuando el dolor calla

el dolor miente

X.

En este país

los niños

no cesamos de parir ancianos