Eva, Marina Pérez

levy-dhurmer_EveViendo quién es la autora de esta carta bien pudiera parecer que ha sido inventada. Nos ofende que alguien pueda pensar eso. Esta carta fue tallada en piedra y legada de padres a hijos hasta que uno de esos descen­dientes, cantero de profesión, la rompió por error. Desde entonces ha sido transmitida de forma oral.

A mis nietos y bisnietos, que conforman lo que viene siendo la hu­manidad al completo:

Quiero limpiar mi imagen de las cosas que posiblemente hayáis oído sobre mí. Sé que hay un best seller que viene teniendo éxito desde hace algún tiempo, la Biblia. Me gustaría que no dieseis credibilidad a todo lo que se dice de mí en ella. El éxito de este libro pasará pronto, esto de la religión parece ser una moda pasajera. Lo sé porque en mi club de lectura no se hablaba de otra cosa, pero últimamente va cogiendo fama una nueva historia: 50 sombras de un eunuco (unas tablas inscritas que tratan sobre un hombre al que le gusta seducir mujeres, pero que, a la hora de la verdad, resulta ser algo decepcionante).

Volviendo al tema que nos ocupa, si no habéis leído la Biblia, lo cual no es de extrañar dado el alto nivel de analfabetismo de nuestros días, es posible que hayáis escuchado algunas historias. Hacedme caso, todo lo que se dice es mentira, falsos testimonios sobre vuestra respetada y querida abuela. Y espero de vosotros que limpiéis mi nombre, porque debéis saber que esto es algo que afecta a toda la familia, por no hablar del lugar tan poco respetable en el que deja a las mujeres en general.

En realidad todo esto responde a mi enemistad con Dios y ese libro, que es su palabra, pues no es más que una clara venganza por su parte para intentar herirme. Para empezar el libro dice que salí de la costilla de Adán. Por favor, cómo alguien podría creerse semejante tontería.

Lamentablemente todos habéis conocido a vuestro abuelo y sabéis perfectamente que si hubiera podido quitarse costillas así como así se hubiera entretenido la mar de bien él solito en el paraíso y nunca nos hubiésemos conocido.

Pero esto no es lo peor, lo que más me molesta es que van diciendo por ahí que yo convencí a Adán para que comiese el fruto del árbol prohibido. Hay que tener poca vergüenza. Para empezar… ¿Paraíso? ¿Jardín del Edén? Por favor, Dios nos tuvo presos durante años en un huerto. Niños, tenéis suerte de que nos expulsaran del Paraíso. No sa­béis lo que era ir con un hoja de parra todo el día, creedme, cuando te sientas en la hierba o hay bichitos, eso no protege lo más mínimo.

Y por si fuera poco, tiene la sinvergonzonería de decirnos que pode­mos comer de todos los árboles menos de uno. Y así, sin más, porque al señorito le da por ponerse caprichoso, se supone que yo tengo que renunciar a comerme mi manzana diaria, cosa que como bien sabéis aleja al doctor (algo que, en una época donde la medicina no estaba tan avanzada, era bastante de agradecer). Según Dios, ¿qué se supone que deberíamos haber hecho? ¿Comer pizza y hacer el amor sin parar? Y encima que velo por nuestra salud, entre Adán y él me cul­pan de querer poner un poquito de cabeza en todo esto. Típico de los hombres, hacer equipo y dejarnos fuera.

Qué bonito era todo para Adán, con su increíble constitución for­nida. «No comas tantas manzanas», me decía, «me gustas como eres». ¡Ja! Muy bonito todo. Pero al cumplir cincuenta me cambió por otra más joven. Fue muy doloroso y a decir verdad, y teniendo en cuenta que todos sois descendientes nuestros, bastante escandaloso también.

Lo cierto es que Dios es un rencoroso. No quería que comiéramos el fruto del árbol porque entonces seríamos tan sabios como él. ¿Os po­déis imaginar semejante maldad? Vendría a ser lo que ahora se co­noce como tirano. Menos mal que la humanidad está evolucionando y dentro de unos años será imposible que un señor desde su sofá mire como gente desnuda e ignorante hacen su día a día a través de una ventanita, como si de un voyeur se tratase.

Dios dijo que la culpa era de los dos, pero adivinad qué. A mí me castigo diciendo que pariría con dolor y a él que del polvo vendría y en polvo se convertiría. Decid la verdad, ¿no veis los castigos algo descompensa­dos? Por no hablar de la actitud inmadura de un Dios que se supone que debe cuidar de todos nosotros. ¿Qué es eso de parirás con dolor? ¿Qué eres, un Dios o una gitana enfadada porque no te he pagado la ra­mita de romero? Esto último fue justo lo que le dije y claro, no se lo tomó muy bien, así que yo ahora también me convertiré en polvo. Por eso mi afán de defenderme, porque veo que me muero y que mi nombre quedará mancillado para siempre.

Así que pido que, leáis lo que leáis, intentéis pensar por vosotros mis­mos. Ese libro no hace más que airear nuestros problemas familiares y quiero que sepáis que me marcho, pero que dejo todo en manos de mis abogados. Es una vergüenza que un libro trate de hacer dinero con nuestras miserias. Vale que Caín le reventó la cabeza a Abel con la quijada de un burro, pero las riñas entre hermanos pasan hasta en las mejores familias. Repito que menos mal que la Humanidad está evolucionando y en el futuro será impensable que se vayan aireando las intimidades de la gente célebre sólo para hacer negocio.

Os quiero y espero que esta carta haya servido para que tengáis una idea más aproximada de cómo era vuestra verdadera abuela y bis­abuela. Una mujer a la que no controlaba ni Dios, nunca mejor dicho.

Eva (Sin apellidos por ser la primera)

PD. Por cierto, respecto a los problemas que pueda tener Dios en un futuro hacia los primogénitos en general, no le hagáis mucho caso. Es el hermano pequeño de su familia y los tiene un poco cruzados. Pero esa es una larga historia y ya casi me he quedado sin saliva… Ya que Dios no sólo ha tenido a bien sacarnos del Paraíso, sino que además ¡nos ha soltado en medio del puto desierto donde no hay una triste fuente! Ay, qué gusto da desahogarse. En fin, queridos, confío en vosotros y espero que sepáis construir una Humanidad de la que me sienta orgullosa.

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