Mar y Tierra, Laura Elisa Vizcaíno Mosqueda

poseidonCuando la sirena cumplió quince años se escapó de su casa. Precisamente esa noche había una fiesta en la playa; sus ojos se llenaron de luces por lo que discretamente y, como Poseidón le dio a entender, se acercó a unas sillas junto a la pista de baile, dispuesta a observar lo que nunca antes había visto en su vida.

Disculpa, ¿quieres bailar?

Pero no traigo zapatos, ¿le importa? —Respondió apenada la sirena.

El caballero cambió su sonrisa por una cara de asco y se marchó. La preciosa sirena bajó del asiento y con el coraje que genera una ofensa regresó a su espacio marino, rompió el agua, se hundió en lo profundo, regresó a la superficie, saltó sobre ella, navegó sobre sus cabellos y siguió ejecutando los movimientos más armónicos y fuertes, imposibles de realizar sobre la tierra, hasta que nunca más paró de bailar.

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