La visita de la noche, Lêdo Ivo

Gilles Berquet
Gilles Berquet

La noche es misteriosa. En el horizonte de los cuerpos extendidos, los sueños se levantan como pájaros. Los sopores alteran el dibujo riguroso de las constelaciones. Insectos salidos de las profundidades de la tierra y de las florestas que perturban el silencio planetario. Luces diseminadas celan el insomnio de criaturas perseguidas por terrores y obsesiones. El desecho de los amantes se une al rumor de las lluvias inesperadas. Emisario de la herrumbre y las averías que anticipan la destrucción y la muerte, el viento agrede las casas y los jardines y, en la oscuridad de los cuartos, los muebles y objetos absorben la memoria del mundo.

Inserta en el orden del universo, siendo el principio y el fin, la Noche no se rinde a la rutina de la vida. En este territorio propicio a los litigios y sortilegios, y que habla un idioma extranjero, el poeta se siente dividido e innumerable. Soñando y viéndose soñar, al mismo tiempo despierto y dormido, él vaga en la frontera donde sueño y vigilia se confabulan para saquear la agresión dejada por el día, que es la gran guarnición de los hombres. Yo y otro, voz de sí mismo y de los que no tienen voz, el poeta se interroga y se responde; y, visitante de la Noche, es visitado por algo o alguien habituado a atravesar puertas cerradas.

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