Cuentan los tártaros de Bedel, Sarainés Kasdan

Ruth Marten 1Cuentan los tártaros de Bedel, en la Siberia Occidental, que al principio de los tiempos Dios creó al primer hombre a su imagen y semejanza. Y vio que era bueno.

Entonces el hombre vivía solo como dueño absoluto de plantas y animales.

El y Dios compartían hacienda y eran felices.

Cuentan los tártaros de Bedel, en la Siberia Occidental, que cierta noche el demonio le tocó el pecho al hombre solitario y su pecho alumbró la primera mujer del planeta.

Y vieron que ella era fuerte y vigorosa porque fue creada de falda de corazón.

Dios castigó al infame, consignándolo al reino del averno.

Con respecto a la mujer poco pudo hacer: la creación era irreversible.

Entonces, dicen los tártaros de Bedel, en la Siberia Occidental, que para atenuar el poder de la mujer, Dios la volvió subordinada al varón. Pero que nadie lo cree